viernes, 19 de diciembre de 2008

Agenda


Como fue sobrino, ¿cómo fue?…Le dije que son sentáramos en algún lugar, que me dolían un poco las piernas. Si bien era cierto eso, más cierto era que quería que estuviéramos solitos.
Caminamos hasta un bosque cercano y nos sentamos en una banca que estaba a punto de caerse.
Recuerdo que hubo un silencio muy amplio. Ni siquiera el canto de un pájaro, ni el ruido de algún motor en la lejanía. Nada.
Traté de tomar su mano lentamente, acercándome de a poco como los felinos inexpertos en el arte de la caza. Me reconocía a mí mismo como un inexperto en el arte del amor.
Pero mis movimientos fueron demasiado lentos y previsibles. Para cuando estuve lo más cerca que había estado de su mano ella estaba mirando la hora.
- Pensé que era más tarde- dijo, y puso sus manos sobre sus piernas, con cierto aire defensivo.
Decidí jugármela y tratar de tomar su mano por segunda vez. Al mínimo contacto dijo:
- Tengo unos porotitos ¿los ves?
- Si, ¿es alergia? Fingí estar interesado, pero en el fondo de mí estaba triste por la oportunidad perdida. Utilicé su propio recurso para cumplir mi objetivo.
Tomé su mano entre las mías y empecé a esbozar un clásico sana sana, potito de rana. Su sonrisa (la cual hasta ese momento desconocía) era una mezcla de coquetería, inocencia y felicidad.
Sus manos eran muy lindas, estilizadas, suaves y lo más importante se dejaban tocar por fin.
Recuerdo casi todo lo de ese momento, los aromas, los colores, su vestimenta, su textura, todo. Si, sobrino así fue.
La conversación de allí en adelante se hizo más llevadera, habíamos adquirido confianza y cada uno empezaba a decir lo que realmente pensaba. Comenzamos a hablar cosas que eran importante para ambos, ya no solo las tontas anécdotas sosas que uno dice cuando está conociendo a alguien. Su modo de hablar me producía algo poco común, un nivel de vigilia superior al que estaba acostumbrado. Me sentía muy despierto.
- Claro, en esos documentos que me pasaste leí sobre eso. Es muy científico…- Ella seguía convenciéndome de la importancia del modo de nacer, si en el agua, si por parto natural, si por cesárea. Y obviamente yo la seguía escuchando muy alerta y atento a detalles como el brillo de su pelo castaño y largo, con una chasquilla. Su falda de mezclilla, su polerón rojo, sus uñas pintadas con flores, sus zapatillas café.
Si me hubiesen hecho una prueba sobre lo que vi ese día habría recordado cada palabra, cada imagen, todo.
- Entonces eso a la larga va a influir en como el bebé se relacione con el mundo, y cuando sea más grande va a potenciarse el mismo fenómeno ¿entiendes?
Asentí con al cabeza y continué mirando sus ojos hermosos y sus tonos entremezclados.
Tomé aire y comencé a argumentar mi posición con respecto al apego, de manera muy vehemente para un muchacho que si bien estudiaba Psicología con suerte había oído el término un par de veces.
Por su reacción creo que la impresioné un poco, o al menos eso me dio mayor terreno.
Me acerqué y sin dejar de mirarla a los ojos la besé, nos besamos por primera vez un día sábado. La excusa había sido un taller de pintura, yo de pintura no aprendí nada. Ella si, como supe más tarde.
Estuvimos sentados contemplando lo que nos rodeaba y a nosotros mismos largo tiempo. Acariciándonos y siendo cómplices en besos que poco a poco empezaban a salir más naturales, más resueltos.

La quise (y quiero aún) mucho. En esos días todo era felicidad y esperanza. La recordaba a menudo, aunque debo reconocer no nos veíamos tanto como nos habría gustado. Tampoco era bueno para escribir o llamar, principalmente por que me costaba organizar mis actividades de forma ordenada.
Pero cuando estábamos juntos la pasábamos muy bien, todo era sumamente intenso, y así fue por unos cuatro o cinco meses.
Cuando ya las vacaciones se acercaron me dijo en una de nuestras citas.
- Este es mi número, guarda este papel y llámame cuando estés en Santiago.
Envolví con mi mano la suya, la besé y tomé el papel para guardarlo en mi bolsillo sin haberlo mirado mucho.
- Te prometo que te llamaré cada vez que pueda – respondí-
Marcaba su número cada vez que era posible, pero la respuesta nunca llegaba. Siempre ocupado…empezaba a desesperarme. Me estaba sintiendo triste por haber tenido que partir, por no poder verla para su cumpleaños que justamente era en uno día de vacaciones de verano. Pero seguía marcando cuando podía, como siempre sin obtener respuesta. Fue en ese instante cuando opté por escribir una carta escueta.

“Querida V:

Te he extrañado mucho, te he llamado muchas veces y no me he podido comunicar contigo. Me encantaría tener noticias tuyas y ojalá estés bien, trata de escribirme o llamarme.
Se despide con mucho cariño G.”

Si la carta fallaba estaría realmente complicado, ¿y si la carta no llegaba?, ¿si no tenía ganas de responderme?, ¿si le gustaba otro?, ¿si tal vez se cambió de casa?
Me hice estas y otras miles de preguntas hasta que un día llegó la carta de respuesta. La abrí con cierta ansiedad, pero con el corazón henchido.

“Querido G:

Es una pena que esto no esté resultando, no he recibido llamada tuya desde hace mucho. Siento que estoy entregando más de lo que recibo y esto no puede continuar así.
Se despide V.”

No entendía nada, busqué el papel en mi mochila. Metí la mano en cada bolsillo y el dichoso no aparecía. Busqué en todas mis chaquetas y por fin di con el papel, con el papel correcto, con el número al que debería haber llamado en verdad. Un papel celeste donde estaba el número de ella acompañado de un “V. te quiere” y un par de dibujos de animalitos. Entonces el otro papel, ¿de qué era? Jamás lo supe, pues jamás hubo respuesta. Tampoco supe cuantos años estuvo ese papel en esa chaqueta y no logré explicarme como fui tan torpe para no darme cuenta de mi equivocación. Las equivocaciones se pagan sobrino mío…
Tampoco valía la pena pedir disculpas y contar la historia. Volver a otra ciudad en vacaciones y tratar de explicarle en persona habría sido una obra muy arriesgada para alguien que estaba tan herido en su autoestima como yo. Opté por la solución más fácil, encerrarme y tragarme mi pena, mi rabia contra mi mismo.
A menudo la recuerdo y tengo total seguridad de que si eso no hubiese ocurrido habría sido ella el amor de mi vida, mi musa, mi compañera…

Por eso sobrino, cumplo con mi deber de regalarte una agenda.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Testamento

A pesar de haber ido varias veces, el llegar al lugar siempre me producía sensaciones encontradas. Seguía el camino de forma automática y siempre pensando en muchas cosas, en el futuro, en la familia, en mí y, obviamente, en lo que el Tata significaba para todos.
Cuando finalmente estuve en frente de él me saludó de la manera en que acostumbraba desde que yo era pequeño: - ¡Hola, campeón!- me dijo, como si realmente no pasara nada y estuviese en el living de su casa.
- Hola, respondí. - ¿Te has aburrido mucho? – En su sala habían cinco personas más, todos hombres y con la común característica de haber sido militares. A esas alturas sabía gran parte de sus vidas, me habían contado muchas historias y dado grandes consejos.
- No, siempre hay que mantener el ánimo y saber sacar lo positivo de las cosas. Me han enseñado mucho de medicina en estas tres semanas.
Así era él, jamás escuché de su boca alguna queja. Todos le queríamos por ello, era muy sabio, siempre escuchaba y daba el aliento necesario para enfrentar cualquier inconveniente. Era muy fuerte.
Me tranquilicé luego de hablar con el un rato, una conversación sin temas densos, sin exabruptos. Seguía recordando fechas, lugares, me preguntaba por como estaban algunos de mis tíos y de mis estudios.
Viendo el cielo oscurecer creí preciso irme a casa, le pedí disculpas pues no podría visitarlo tan seguido como lo había hecho hasta la fecha ya que debía de irme a estudiar fuera de la ciudad y además responder a un ajetreado calendario de actividades musicales al que no podía decir que no. Dijo: - No es motivo de preocupación, entiendo que estás haciendo cosas importantes y es un orgullo el que estés representando a la familia en todo momento. Eso sí, no te puedes ir sin tocar algo.
Pensé en que dirían el resto de las personas hospitalizadas, pero cuando vi sus rostros me di cuenta de que aprobaban la idea también, saqué mi viola de sus estuche como lo había hecho cientos de veces durante varios años, sin embargo, ahora el ritual tenía una connotación especial; estaba tocando para mi abuelo.
Elegí con cautela la pieza a interpretar, me decidí por Bach ya que sus melodías tienen un grato sabor a canción de cuna e irradian tranquilidad, pensé que era necesaria en el lugar y les haría muy bien a todos. Me esmeré por hacerlo lo mejor posible, la música fluyó por sí sola de principio a fin. Estaba en algo así como un trance cuando los aplausos me sacaron de ese estado, algunos me felicitaron y otros le dijeron a su “General Chico” que su nieto tocaba muy bien.
- Mi nieto no más – dijo mi abuelo a los demás señores que compartían sitio con él.
- Gabriel, espero que sigas adelante con las cosas que estás haciendo. También que cuides mucho a tu hermano y a tus primos, sé que seguirás un buen camino y estoy feliz por eso, cuando me pase algo…
- ¡Tata! – Interrumpí de inmediato, pues el tono de su voz era algo trágico.
- Déjame terminar, cuida a tu abuela y visítala seguido. Ténle paciencia, está bien mañosa la jefa. Quiero también que proyectes siempre y donde vayas las cosas que he tratado de enseñarte, a veces me he equivocado como padre y sé que debí prever algunas cosas. No sé si haya tiempo para resolverlas, pero eso queda en manos de Uds., a ti y a tus primos encomiendo la tarea de que la familia se mantenga unida.
- Tata, no me digas estas cosas que suenan a despedida. Voy a venir a verte luego, quédate tranquilo que nada malo va a pasar y sé que te vas a mejorar. Ya habrá tiempo para hablar con mis primos y mis tíos. Los médicos han dicho que estás bien y no creo que haya complicaciones, son profesionales muy buenos.
Realmente me habría gustado estar en lo correcto, pero la verdad no era mucho lo que sabía de los diagnósticos y en caso de tomar decisiones sólo sus hijos se reunían a debatirlas.
- Es posible que me mejore, todo se puede si están las ganas. Eso sí, los matasanos a veces se equivocan. La verdad estoy un poco cansado, me gustaría dormir. Además es tarde y no es bueno que su Mamá se preocupe. Déjame darte un abrazo.
Me acerqué, me abrazó con gran energía y me dijo al oído: - Estaré contigo donde quiera que vayas; nunca te rindas sin antes darlo todo, no lo olvides.
Estreché su mano con la mayor fuerza que pude. Él me enseñó que eso demostraba valor, energía, templanza, honor e integridad a aquél que recibía el saludo.
Se acostó de nuevo, mientras cantaba un tango de esos que tanto le gustaban y con los que me despertaba cuando me quedaba a alojar en su casa.
Me quedé husmeándolo desde la puerta. No se durmió como dijo que lo haría, seguía pensando. No parecía inquieto, más bien estaba resignado a que estaba frente a un problema que no podía solucionar.

Una de mis tías me contó cuando llegué a casa de mis abuelos que a ella le había dicho en el hospital que no tendría las fuerzas suficientes para pasar Marzo y que quería pasar sus últimos días en su casa.
Me sorprendió mucho el haber escuchado eso, ignoré el comentario y no le di importancia, lo había visitado hacía un par de horas y se veía muy bien. Aún así, sentí cierta inquietud al ver el calendario, la fecha señalaba el día primero del mes.
Decidí dormir, debía viajar a matricularme a una ciudad lejana, el viaje no me resultaba de lo más agradable y mucho menos si se trataba de uno que tenía por objetivo realizar trámites burocráticos.
Hice el equipaje, lo justo y necesario para pasar dos días fuera y volver a casa. Mi principal preocupación era que no iba poder visitar a mi abuelo durante esos dos días, hasta la fecha no me había ausentado ninguno aunque tuviera cosas importantes que hacer.
Salí temprano de casa, conseguí un pasaje a buena hora por lo que arribé temprano a destino. En la Universidad nada nuevo, ningún conocido, papeleos simples y expeditos. Por ello fui inmediatamente a comprar mi pasaje para el otro día lo más temprano posible. En la agencia me dijeron que el primero salía cerca de las ocho. Con despertarme a eso de las seis y media tendría tiempo suficiente para tomarlo luego de dormir, además podría ir a ver al Tata durante las visitas de la mañana, mejor aún había ahorrado un día de estadía.

Alguien me llamaba, estaba confundido y no sabía si estaba soñando. Desperté por completo, me incorporé, vi la hora en mi reloj: apenas las cinco de la mañana.
Golpearon la puerta y me informaron: - Gabriel, tu abuelo falleció a eso de las dos de la mañana en su casa. Convenció a tus tíos de que lo llevaran allí, según el médico no hay razón médica aparente que lo explique.
Hasta en la última visita que le hice no dejó de tener razón, para mejorar hay que estar motivado a hacerlo, la medicina más avanzada puede errar a veces.
Tuve el privilegio de haber sido el último en conversar con mi abuelo cuando estaba aún lúcido, en haber podido escuchar sus postreras enseñanzas y sentir la tranquilidad de que siempre me acompañará y estará conmigo; en definitiva de haber recibido su testamento.
Estabas en lo correcto Tata, todo tiene solución menos la muerte.

martes, 2 de diciembre de 2008

Relación clandestina

Sentía un cúmulo de emociones ambiguas, hasta contradictorias. Por un lado un agrado enorme de poder verlo después de tanto tiempo, de tener la oportunidad de conversar y recordar los viejos tiempos.
Sin embargo, tampoco podía ignorar que estaba en cierto punto nerviosa, la ansiedad de la espera (aún cuando era breve) la tenía muy agitada.
Ella había llegado hacía unos cinco minutos, nada más. Usualmente se hacía ver en los lugares de encuentro algunos minutos antes de la hora acordada, eso le permitía estudiar el sitio durante algún tiempo, escoger bien el lugar donde ubicarse, reconocer el área y sobre todo aclimatarse, ya que era de su total disgusto sentirse incómoda en algún lugar. Así, ella sentía total seguridad y, por lo tanto, le era más fácil soltarse.
En cambio él no solía utilizar este tipo de estrategias, para él el arte de la improvisación era un ejercicio exquisito. Entre más desconocido le resultaba algo, más a gusto se sentía y más a gusto hacía sentir a los demás.
Eso podía recordar ella de él, la verdad el tiempo no había pasado en balde y de su último diálogo lograba esbozar un par de palabras y un solemne te quiero gritado a la distancia por él sin pudor alguno.
Intentaba forzar su memoria cuando sintió una mano conocida en su espalda. Finalmente él había llegado.
- Silvia, estás bellísima! No has cambiado nada.
- Tú también estás muy guapo, Marco.
- ¿Hace mucho rato que estás aquí?
- No mucho – contesta ella con cara de extrañeza.
- Menos mal, no tengo reloj y como la tarde estaba muy agradable decidí caminar un rato y bueno, se me pasó la hora.
Esa inconsciente falta de interés y su siempre obvia distracción era lo que despertaba en ella el cariño tan grande que sentía por Marco. Silvia estaba aún muy ligada a aquél hombre que tenía al frente, según parecía su vínculo se mantendría por siempre y a pesar de las constantes barreras contra las que debían luchar para verse a escondidas.
Pasó por su mente el como estarían las cosas en casa, a esa hora más de alguien habría notado su ausencia. Rara vez tardaba más de media hora en llegar a casa después del trabajo.
- ¿Silvia?- Marco notó la falta de concentración en el aquí y el ahora.
- Disculpa, estaba pensando.
- ¿En qué?
- En todo el tiempo que ha pasado de la última vez en que nos vimos, en todos lo proyectos que teníamos en mente. En que aún ambos estábamos solteros.
- ¿Realmente fue hace tanto?...
- Si, ahora desearía de verdad no haberme apartado de ti. A veces creo que lo mejor habría sido seguir viviendo juntos. Fue una época muy linda, escaparnos de nuestras casas y arrendar ese pequeño departamento. Nada nos faltaba.
- No te pongas triste ahora es más difícil vernos, pero eso no significa que no te quiera y que no podamos en un futuro hacer muchas cosas los dos. Eso si, sin que tu madre sepa, la Sra. Es un poco pesada a veces.
- Eso no es mi culpa, tonto, yo no la escogí.
- Punto a favor tuyo, totalmente cierto.
- Tu padre tampoco es lo que se llama un retrato de la simpatía.- dijo Silvia con una sonrisa cálida en su rostro.
- Otro punto a tu favor- añadió Marco, que nunca ocultó que desde que tenía memoria sentía un puñado de emociones negativas por ese señor.
- ¿Te acuerdas de la cara que puso tu padre cuando nos fuimos a vivir juntos? “Esa niña no ha tenido una buena crianza, es cosa de mirar a su madre, una loca, una desvergonzada”. Que yo no tenía ningún tipo de destino siendo mi padre quien me criara, que no tenía ningún destino siendo hija de una actriz.
- Recuerdo muchas crueldades, ¿pero realmente quieres hablar de ellas? – Marco encendió un cigarrillo.
- No…por supuesto que no, pero estoy un poco confundida. Te he extrañado demasiado y no sé por donde empezar a contarte las cosas. Mi esposo… No sé.
- Tranquilízate, si hay dificultades sé que podrás solucionarlas…
- Es que te he echado tanto de menos, las cosas se daban de maravilla entre nosotros. ¿Acaso me vas a decir que nunca has soñado con volver a vivir juntos?
- Emmmmmmm, bueno para serte franco lo he imaginado un par de veces. Pero sería imposible. Silvia, tú sabes lo que piensa mi madre de ti y como se pone cuando algo se le mete en la cabeza.
- Es cierto, no nos dejaría solos jamás, estaría entrometiéndose en todo.- Silvia comenzó a mirar el reloj.
- ¿Estás segura de que quieres hacer esto? –espetó Marco.
Era su estilo, dejar la libertad suficiente para que la decisión no fuera forzada. Ambos habían estado planeando esta salida a escondidas durante largo tiempo, postergando compromisos, adelantando reuniones, cancelando ciertas actividades.
- Claro que si, ¿acaso te arrepientes? Ninguno de los dos debe echar pie atrás ahora. Esto no tomará más que un par de días.
- Te quiero mucho Silvia, pero debes pensar en el alboroto que se va armar en tu casa.
- No seas tan melodramático, volveré y nada los hará darse cuenta. Tengo todo planeado, querido.
- Ojalá así sea, quiero pasarla bien contigo. Pero me pregunto como reaccionará tu esposo.
- Relájate, yo me cuidaría más de tu señora esposa.
Ambos sabían la complejidad de ser eventualmente descubiertos. Ninguno era bien visto en la familia del otro. Tanto Silvia como Marco estaban conscientes de que sus encuentros (aún cuando fuesen fortuitos) no eran bien vistos a los ojos de la madre de Silvia ni tampoco del padre de Marco, ellos además habían sido la fuente de suspicacia en sus respectivas parejas.
- Tú cuídate de mamá. De que se separó de papá que su humor es un desastre.
- Está controlada, a propósito ¿cómo ha estado papá?- preguntó Silvia con un aire compasivo.
- Dedicado a sus cosas de abogado, tiene poco tiempo para dedicarle a su nueva esposa.
- ¿Es tan joven como mamá decía?
- Un par de años mayor que yo.- contestó Marco
- Es una lástima que las cosas hayan sido así, que se hayan separado, que nos hayamos tenido que largar de casa para vivir juntos y tranquilos. Que tuviéramos que volver y decidir irnos uno con cada uno, es decir, que nos hayan separado. Te he necesitado mucho hermano.
- Silvia, mi bebé, mi preciosa hermana. No te pongas triste, disfrutemos este fin de semana y las cosas que nos traiga.
Marco la abraza con gran cariño y demostrando que está dispuesto a protegerla por siempre.
- ¿Playa o campo?
- Playa – Responde Silvia, dando unos pasos como de niña, casi unos saltos juguetones.
Y así se fueron en busca de un fin de semana como los de su niñez, cuando vivían bajo el mismo techo y su relación no era clandestina.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Adiós


Es una canallada de parte mía, pero el día de hoy rehúso llegar a casa.
Las cosas se han puesto demasiado aburridas allí para seguirlas soportando. Como todo mundo recuerdo días mejores, días en que la situación no era tan compleja.
La responsabilidad de todo la comparto con ella.
Parece que fue hace tanto tiempo, pero sin duda eso sería una exageración. Debo ser sincero conmigo y con ella, alguna vez la pasamos muy bien juntos.
Hubo períodos muy buenos, pasábamos horas y horas juntos. Era increíble, en un abrir y cerrar de ojos se habían ido mañanas, tardes, días completos.
Era muy distinta…me abría mundos desconocidos, me mostraba cosas interesantísimas y que estaban muy lejos de mi alcance. Le resultaba muy fácil llevar mi capacidad de asombro a sus límites.
No sé que habrá pasado, tal vez la culpa es mía, quizá analizo demasiado todo. Puede ser que esté exigiendo mucho para como están los tiempos. Sé que la he idealizado mucho, es cierto, y es probable que muchas de las cosas que creí podía ofrecerme hayan sido creadas por mi ingenua imaginación. Pero, ¿quién podría haber sabido que en un intervalo tan corto se transformaría tanto?
Pueden pensar que soy un cobarde, un villano, un idiota.
Piensen lo que les entre en gana, pero les aseguro que si estuvieran en mi situación también dudarían sobre la resolución a tomar, sin duda que lo harían. Es que empezó a tomar cada vez un lugar más importante en mi vida, en mis actividades, en mi forma de ver las cosas. No estoy seguro de cómo pasó, pero es triste darse cuenta lo mucho que me ha influido (para bien o para mal) su presencia; misma que hoy ya no puedo tolerar.
Es simple, cada día su manera de hablar es menos atractiva para mí. Cada vez que la escucho detenidamente solo oigo palabrotas, ideas inconexas, pensamientos que deprimen y corroen, estulticia genérica que ataca lo más profundo de mi espíritu. Está perdida, ve la realidad de una forma distorsionada. Es embustera, hiriente, entrometida, denigrante. Me cuesta (a pesar del esfuerzo) dar con algún calificativo medianamente positivo con respecto a ella.
Mucha gente me habla mal de ella, sé que debo dejarla lo antes posible. Puedo ponderar el efecto que ha hecho tanto a mí como a quienes me rodean. ¿Saben? no es una justificación, pero tengo la sensación de que los años no han pasado en vano y, al fin y al cabo, algo de cariño le tengo, eso además de que el hombre es animal de hábitos y de facilidad para hacerse costumbres. Después de todo no puedo así como así sacarla de mi vida, de mi entorno familiar, en fin, de todo lo que me rodea.
¿Será necesario decir algo más?
Me parece que ya está todo dicho, lo único que me decepciona en esta situación es que no hay modo de que se dé por enterada. Está todo el día en lo mismo, haciendo y haciéndose mal sin siquiera reparar en el daño que provoca. Es imposible detenerla, tan sólo se puede tomar la alternativa de ignorarla.
Un monstruo horrible, eso es realmente. Ya no me engaña, denigrando a los pobres, incitando a los niños al sexo, creando realidades inexistentes siempre motivada por el dinero; viendo el mundo con ojos aterradores como si la vida no fuera digna de vivirse.
¡Te detesto!
Cada mañana presente en casi todas las casas del país, se transforma en tema principal de un sin número de conversaciones, es vista por millones de personas independientemente de si tiene algo importante que decir. Ya no la quiero más en mi hogar diciendo que tengo que hacer, que debo comprar, dictando modas, dando en definitiva órdenes.
Diabólico aparato es el que hemos albergado en nuestros lugares más íntimos, nuestros dormitorios, comedores, cocinas (incluso algún baño) como si fuera algo de primera necesidad. Le hemos cedido el espacio tanto mental como espiritual que debiera estar destinado a nuestros seres queridos y a nosotros mismos.
Reniego de ti, televisión, me resultas prescindible totalmente. Prometo que de hoy en adelante seré tu peor enemigo. No quiero que a mis hijos les muestres un mundo limitado, desolado, negativo y triste como el que me mostraron a mí los noticiarios. Me niego a aceptar los patrones de comportamiento que rotulas como normales. No me tragaré tus maleados mensajes publicitarios, ni tu falsa felicidad.
De ahora en adelante leeré más, compondré más música, haré más ejercicio.
En fin, apretaré el botón de apagado y volveré a ser humano.

miércoles, 20 de agosto de 2008

Debate


Camino a su nueva morada pensaba en como le haría de bien un descanso de dos meses. Hacía mucho tiempo que venía planeando salir de vacaciones sin tener el coraje necesario para dejar de lado todas sus actividades. Finalmente y luego de un par de años para olvidar se fue a su casa en el campo, la cual contaba con la ventaja inigualable de ser un paradero desconocido para todo miembro de su familia, para su detestado jefe y para las mujeres que lo acechaban constantemente.

Cuando tenía unos 25 años había vivido aquí, el lugar permanecía casi igual a como lo había dejado. En la puerta un cúmulo de correspondencia dirigida a él, claro, con su antiguo nombre. Había decidido cambiarlo cuando volvió al trabajo serio, cuando se estableció en la capital y quiso dar un giro a su vida. Inconformista como siempre, creyó que saborear un par de meses de su antigua vida le sentaría bien.

Se tomó todo el día para ordenar el lugar, arreglar la disposición de los objetos, limpiar y, en definitiva, hacerlo más hospitalario. La tarea no le resultó difícil, ya que la casa contaba con un magnetismo especial y único, por lo que requería solamente modificaciones menores.

Al siguiente día por la mañana desarrollaría tareas en el huerto y los jardines, quería depender lo menos posible del mundo exterior y salvo excepciones que tuvieran demasiado mérito, salir de casa.

Cuando fue a la cama Jaime se dijo: - Hogar, dulce hogar.

Se levantó muy temprano, el día le resultó especialmente hermoso por lo que decidió iniciar su labor lo antes posible. Se dirigió a la despensa en búsqueda de los materiales necesarios, a saber: palas de múltiples dimensiones, azadón, chuzo, tijeras de podar, etc.

Enfiló hacia la puerta y se encontró con un sobre amarillo debajo de ella, éste le resultó familiar de inmediato. Tiró todo lo que llevaba a cuestas al piso y tomó el sobre, antes de volver a estar en posición erguida ya había leído la carta por completo. Era una invitación a una charla sobre literatura.
- Como en los viejos tiempos, ¡no lo puedo creer!- Se dijo a sí mismo, extrañándose por no haberla recogido el día anterior.
Decidió ir.

Al llegar al Instituto Literario Bella Fantasía se encontró con muchas cosas del pasado, que le hicieron pensar en voz alta.
- Me parece interesante el que en dos días, apenas dos días, haya vuelto a sucesos de hace tanto. Estar aquí es muy gratificante, participaré con jovencitos en algún debate. Será maravilloso, podré recordar como fue cuando tenía la edad de ellos.

En efecto, el sitio estaba lleno de muchachos Universitarios con facha de intelectuales, algunos se daban el pote, otros parecían muy tímidos. Fijó su atención especialmente en uno de boina que fumaba pipa.
No sabía de qué trataban las charlas o debates de cada sala, para no parecer perdido decidió que sería mejor entrar en cualquiera. Ninguna tenía información o algo que diera una seña siquiera, a lo más un número y una letra.
- Confiar en jóvenes literatos pseudo revolucionarios, ¡jamás! –Se dijo con gran autoridad y seguridad. Entró a la sala un segundo antes de que tres muchachitas lo miraran primero con espanto y luego con odio al oír su comentario. Las tres entraron a la sala tras de él.
Una, de lentes ahumados, tomó algo así como un acta y se sentó en una de las sillas dispuestas en círculo, motivando a los demás a sentarse en los lugares que iban quedando vacíos.
- Muy bien- dijo ella, - Sean todos bienvenidos a la charla-debate 3b del Instituto Literario Bella Fantasía, el tema que nos convoca el día de hoy es la obra de Andrés Carin Arteaga. Célebre poeta, cuentista y ensayista, además de notable musicólogo y sociólogo.
Como Uds. sabrán la vasta obra de este autor está entre una de las más destacadas en nuestro país y ha sido...galardonada a nivel nacional e internacional.
La muchacha tomó una pausa cuando vio a Jaime haciendo un ademán de desinterés, cosa que le pareció de lo más vulgar y descortés, sobretodo viniendo de alguien como él. De un chiquillo se podía esperar, pero de alguien mayor como Jaime no.
Afortunadamente cada asistente contaba con un papel con su nombre en el pecho, eso permitía al monitor de la charla identificar plenamente a cada uno, sobretodo a aquél que fuera un distractor.
La muchacha continuó con su labor. – En esta ocasión rescataremos algunos poemas del libro Amarga Astucia. Empezaré con Templanza… “Cuando la hora me haya llegado…” La muchacha se largó a leer poema tras otro, parecía poner en ello toda su emoción y su sentir, como si cada palabra del texto fuese sido diseñada por o para ella, lo hacía con gran autoridad y el resto de los asistentes parecían hipnotizados ante ella. Una de las muchachas con las que había entrado, una rubia pecosa de cara muy inocente miraba a Jaime con curiosidad, mientras la tercera parecía empeñada en parecer una dama refinada, culta y astuta.
“…Suspirando y sin meditación alguna no puedo darte mi trozo de luna”. Terminaba de leer la monitora.
Obnubilada y como saliendo de un trance empezó a guiar la conversación. – Bueno, ¿Qué les ha parecido la selección?
- Creo que has tomado algo de cada época clave de Andrés Carin, has pasado por todos sus períodos, lo que es loable pues muchas de sus obras se perdieron cuando el autor murió en la cárcel.- Señaló un gordito que parecía más un fanático de la biografía que de la literatura de Andrés Carin.
Jaime lo miró con desdén.
Otro muchacho espetó – Recuerda que hasta el día de hoy su muerte no se ha comprobado.
- Es cierto- dijo otro, - pero lleguemos al consenso de que el período “carcelario” de Andrés fue el más productivo, por lo que aunque gran número de obras se perdieron se conserva una gran cantidad que permaneció en la penitenciaria luego de su desaparición.
- Eso es correcto – afirmó la monitora.
Se siguieron una serie de opiniones muy informadas y apoyadas en datos biográficos del autor, no obstante, a pesar del gran estudio no había ninguna que se refiriera al último período de escritor de Andrés Carin, época en la que el autor desapareció misteriosamente.
Jaime era el único que no había opinado y la monitora lo instó a participar irónicamente.
- Ud. ha mostrado gran interés, me gustaría que compartiera con nosotros su percepción de la conversación que estamos llevando a cabo.
Lo que Jaime menos quería era eso, participar. Hasta el momento llevaba seis bostezos, había consultado su reloj unas quince veces y mirado a la puerta con tentación por salir unas tres o cuatro.
- Creo que están sobrevalorando al sujeto. Es evidente que su producción en primera instancia prometía bastante, pero me parece que luego de un tiempo sus ideas se fueron apagando, lo mismo que su vitalidad. No creo que haya sido honesto con sus escritos. Basta consultar Diario de Felices Días, nadie puede haber sido tan optimista salvo que hubiese anhelado esa felicidad y bienestar. No está hablando de la realidad, estaba escribiendo sobre un estado de cosas ideal.
Jaime mal que mal leía mucho, y casi por obligación había leído y releído la obra de Andrés Carin Arteaga. La sorpresa y ofensa se hizo ostensible en cada uno de los presentes. Jaime sabía que no debía haber dicho semejante cosa, pero iba contra sus principios mentir, por eso había preferido el silencio. Mucho más interesante le parecía oír discusiones acerca de la obra de Cortázar, Borges, Neruda, Maturana, y tantos otros que aparecían en el programa que tardíamente había recibido.
- Por lo demás creo, personalmente que el hombre enloqueció en la cárcel y por eso su manera positiva de ver la vida, no le quedaba ningún otro recurso más que darse fuerzas él mismo, como Frankl en los campos de concentración. Debía canalizar la energía negativa en algo pleno y grato, como las canciones surgidas luego de una terapia primal.
La sorpresa aumentó.
Indignada la monitora argumentó de manera vehemente – ¿Ud. cree que es fácil hacer un montaje para que el mundo lo disfrute?, ¿Hay algún beneficio con actuar una emoción y además de ello crear a través de ella?, ¿Sugiere que Andrés Carin nos quiso engañar a todos?
El cuchicheo no se hizo esperar, pero a Jaime no parecía importarle mucho. Los muchachos no dudaron en dilapidarlo con golpes verbales, no parecía profesor ni autoridad alguna, no parecía estudiante y mucho menos un fanático de Andrés Carin, cualidad que todos los reunidos tenían, y que valoraban de gran manera.
- No he dicho eso- Se defendió- Únicamente creo que no pueden atribuirle estados mentales a una persona que ya estaba escribiendo cuando Uds. ni siquiera pensaban en nacer ¿Puede saberse qué llevó a este hombre a escribir así? Uds. estudian a su familia para imitar algunas costumbres de ellos, pero conociéndoles parcialmente. Quizá sus padres lo detestaban, quizá sus hermanos también. Posiblemente escribía tanto de familias y de compartir el tiempo con sus padres y de las virtudes de ellos por que era lo que proyectaba en ellos, era quizá lo que le faltaba para ser feliz.
La rubia pecosa asintió con la cabeza y esbozó tímidamente una frase –Tiene razón…
El resto de los muchachos la miró con enfado. La pobre rubia se ruborizó por completo y terminó mirando el suelo.
- Sepa Ud. que la familia de Andrés Carin no está en cuestión, eran gente muy educada y dada a la literatura- señaló un joven flaco de pelo largo y suelto.
- En la Universidad hay cosas que no enseñan, créeme – dijo Jaime- Además el punto es que el tío terminó en la cárcel ¿No? Deben de haber tenido buenos motivos para ponerlo en la ratonera.
La monitora no aguantaba más y no ocultaba su enojo.
- Todos los libros señalan que fue injustamente culpado de la muerte de sus padres. Ud. debe saber que Andrés Carin se encontraba en las inmediaciones de este edificio cuando sucedió ese terrible acontecimiento. Es un hecho comprobado.
Jaime hizo un gesto de desaprobación.
- Con el debido respeto que Ud. merece como invitado le pido por favor se retire de la sala. Estos debates han sido creados con la intención de compartir posturas y visiones sobre la obra de destacados escritores, por respeto a ellos y los presentes le insisto en que se retire.
Jaime se fue sin hacer oposición alguna.
No había que debatir, los muchachos no sabían que efectivamente Andrés Carin Arteaga había asesinado a sus padres y se había dirigido a las inmediaciones del Instituto a través de un túnel que conectaba ambos sitios. Tampoco que tras resistir a su conciencia un par de meses había sido puesto en prisión tras confesar, hay cosas que los diarios y los libros no dicen.
Menos podían saber que las obras que se habían perdido fueron las que utilizó para hacer un incendio que le permitió escapar de prisión y las pocas que se rescataron fueron finalmente publicadas. Tampoco el motivo de su creación, Andrés Carin Artega se dedicó a traspasar al papel ideas de otros presos, a escribir para tener el rótulo de reo tranquilo y con ello alejar sospechas sobre su escape y ganar tiempo para planearlo y pulirlo.

Cuando por fin Jaime llegó a su casa en el campo decidió hacer desaparecer la carta recibida como invitación, deseo con todas sus fuerzas saber como es que le seguían enviando misivas.
Antes de quemarla leyó el destinatario: Andrés Carin Arteaga. La lanzó a la chimenea, mal que mal nunca le había gustado ese nombre, por algo se lo había cambiado.

martes, 24 de junio de 2008

Arenga de un personaje

Después de haber realizado esta noble actividad durante décadas he llegado a la decisión de que el retiro es lo mejor. Hoy por hoy no resulta digno, para que decir rentable siquiera. Recuerdo antaño hubo tiempo mejores, jamás se repetirán.
Es una lástima que tantos de nosotros hayamos perdido el rumbo, y que tantos otros pasaran por tantas penurias y desgracias. Era de esperarse de cualquier modo, mi teoría se ha comprobado.
Siempre pensé que no podíamos venir de la nada como muchos personajes creían, y es la verdad, todos somos meras creaciones plasmadas en papel por los escritores para no tener que lidiar con sus propios miedos y vergüenzas, en el fondo somos caretas y disfraces de estos sujetos. Eso es harina de otro costal y profundizaré en ello.
De cualquier modo, antes eran más gentiles y nos otorgaban habilidades mayores. Podíamos acabar con imperios, ejércitos o armadas completas guiados solo por el amor y la esperanza. Eso hoy no vende.
Teníamos grandes conocimientos que se han perdido gradualmente a medida que ha pasado el tiempo, ¿qué personaje hoy juega Go?, ¿qué personaje aprecia los cuartetos de cuerda de Mozart?, ¿qué personaje actual está capacitado para poder apreciar una pieza pictórica de forma íntegra? Ni siquiera los hacen salir de casa, a lo más ven TV, discuten, se pelean y tienen mal sexo. Hasta los artistas del crimen se han perdido, se han extinguido también los que podían montar horcas en escasos segundos o tener ideas imponentes, presos de la locura y que al fin y al cabo utilizaban su potencial en actividades interesantes. Siempre hay que respetar a los villanos, ya que, son colegas (también tienen la categoría de personaje) y para ser un malhechor se debe haber vivido mucho e intensamente.

Qué tiempos aquellos que no volverán, cada día me siento más solitario y triste, más limitado e incomprendido; y es que los personajes de antes éramos mejor pensados, nuestros padres invertían mayor energía en crearnos, aunque fuéramos simples remedos de sus propias personalidades y respondiéramos a sus propias experiencias más que a las nuestras. Recuerdo a un tal Lucas, una Beatriz, un Horacio, a los Buendía y otros tantos que si bien no recuerdo de nombre respeto por sus hazañas y enseñanzas.
Las novelas en las que aparecíamos resultaban menos vendidas, pero se hablaba más de ellas. Y que decir del contexto en que estábamos, siempre en hojas blancas y pulcras, hoy de eso nada, si hasta he visto personajes tirados en el piso, huyendo de la policía, vendiéndose desteñidos y miedosos por escasas monedas en las veredas de esta ciudad.
He visto incluso algunos menos afortunados siendo quemados, es horrible.

Éramos admirados y estudiados en las Universidades, era espléndido. Por lo general, teníamos lugares bellos donde vivir o, si no era el caso, amigos con quienes contar. La vida de los personajes de hoy es muy difícil, muchos se separan tempranamente de sus señoras personaje, algunos llegan hasta la decisión irrevocable y lamentable de cometer suicidio (sucede con frecuencia).
No es su culpa, sucede que están menos preparados para la vida, hoy todo es más rápido y vertiginoso. Puedes ser muy célebre hoy, tener un par de años en plenitud, llenar unas cuantas páginas y en un abrir y cerrar de ojos eres un personaje olvidado.
Los personajes de hoy no deben luchar por pagar el alquiler o por el alimento diario, más bien sus intereses y prioridades se centran más en soportar la vida, el trabajo rutinario, a sus familias, la falta de proyectos y conseguir alcohol a buen precio. Los maestros de escuela no los toman en cuenta, prefieren a algunos de lo más antiguos.
Es más, a veces hasta resultamos innecesarios pues la gente prefiere al personaje de la película. Cuando se presenta el éxito en la vida de un personaje, muchas veces se roda su vida en celuloide. No obstante, los directores de cine atacan severamente nuestro honor, ni siquiera nos consultan a nosotros sobre como nos habríamos comportado en una situación particular. Si bien nuestra vida es prestada somos los primeros en vivirla, detalle no menor. Algunos ni siquiera nos correspondemos a como la gente nos imagina.
Me gustaría saber si se podrá hacer algo por nosotros, no tenemos sistema de defensa alguno. Nunca fuimos desconfiados por lo que muchos de nuestros nombres están escasamente patentados, los de más edad nunca pensamos en que iban a producir series de nosotros, que hablaríamos diversidad de idiomas, que nos vincularían a la computación, ¡que va! Nada de eso.

No se malentienda mi discurso, tuve una vida excelente. Fui uno de los prolíficos, aún cuando obligan a los niños a estudiarme sigo siendo querido por un gran porcentaje de personas, fui pobre y también rico, recorrí el mundo y conocí a grandes personas, dije frases que serán recordadas por siempre e incluso puedo con total seguridad decir que conocí el amor.

Si me dieran a elegir no cambiaría nada en mi vida, tuve grandes vivencias que puedo aún compartir. Y, en definitiva, ¿No son el principal requisito para ser personaje?

lunes, 9 de junio de 2008

De profesiones antiguas



De nuevo viene este cabro, no escarmienta, ¡no aprende! Todas las noches pasa por acá a la misma hora, los mismos discursos el mismo café y nada, nada de dinero. No suelta ni un miserable, sucio peso.
Que me va a sacar de acá dice, como si fuera tan fácil hacerlo. Que me va a tratar como una mujer decente merece, que me va a dar un hogar y que no tendré más necesidades. Para él es muy simple decirlo, hijo de un abogado exitoso que sale en la tele a cada rato. Uno igual que todos, muy político será, pero también ha caído en las tentaciones de la carne, como todo hombre. Lo que Miguel no sabe es que su padre si accedió, me dio una buena propina, nada menos, por una buena atención también. Una muy de la calle será, pero el trabajo hay que hacerlo bien, hay que comer algo de vez en cuando y cada vez alcanza para menos. Además de que el Chito nos cobra harto, casi la mitad de lo ganado por su protección y por tener el derecho a trabajar en su territorio, tenía que ser hombre el muy desgraciado.
Acá no hay ley, los pacos ni piensan en entrar pa' acá, salvo que quieran descarriarse con alguna de nosotras. Al fin y al cabo también son hombres. Por eso mejor hacerse de algien que a uno la proteja, pero el cuento sale harto re caro.

Eso es lo que me intriga del Miguel, ¿Será hombre o no?, ¿Se creerá un super héroe o algo así?, ¿Qué acaso no tiene tentaciones? A veces pienso que es un ángel o algo parecido, tan re lindo que es el cabro y venir a fijarse en una como yo. No soy de las que su papacito quisiera para él. Si hasta casorio me ha prometido, que me decida, que si me voy con él voy a estar segura.
Me gustaría estar segura, aunque fuera de algo, de cualquier cosa. De lo único que casi segura estoy es que el gil del Miguel está hasta las patitas por este cuerpecito, y eso que ni siquiera ha probado sus virtudes ni ha tenido el placer de ver sus generosidades. Nunca ha gozado conmigo. Sigo sin entender por que no ha querido, plata no le falta, conozco buenos lugares, pero el déle con el cafecito y nada más. Ni unos besitos me ha aceptado, que si estamos acá en este barrio le incomoda y que no quiere amor por dinero.
Hasta con unas flores me llegó el otro día, ¿Pa' qué puedo querer yo flores? Que el amor y otros cuentos, como si el amor existiera. Lo que le pasa al Miguel es que está caliente y no quiere aceptarlo, en su cabecita quizás que cosas se ha imaginado conmigo; lo que pasa es que no me las quiere decir y no las quiere reconocer.
Claro pueh!, solo eso explica que lleve viniendo pa' acá más de dos años. A veces se me desaparece, pero nunca por más de una semana, siempre vuelve pa' intentar convencerme. Este cabro chico 'tá lo que se llama loco, nada más. De primera pensé que era un rati, que era un paco, o algo. No le tenía confianza, aunque ahora tampoco. Al menos ahora puedo hablar con él, no sé si hablar o conversar como la gente dice. Más que nada lo reto, le digo que no vuelva que no me voy a ir de aquí, que acá estoy bien y él déle con lo mismo del amor.
Ahí es donde me viene la maldad siempre al pecho y lo trato re mal, pendejo mal criado no más, piensa que una está pa' los caprichos de la guagua. A veces me hago la interesante y como que lo escucho, cuando me sale con sus cuentos de matrimonio feliz hasta me hago la entusiasmada pa' que siga hablando, pa' que se raje con unos copetes, pero nada, nada.
Matrimonio el perla, ¿Y pa' qué? Lo que buscan los hombres es desenfundarla, ponerla y ya. Un buen polvo y se van felices pa' su casa, claro, ahí se acuerdan de la señora esposa, después que se han deshecho en cachas.
Pero este no, este nada! Tan re sano que es este cabro, da hasta pena mandarlo a la cresta. Es algo que hay que hacer si po' si no el Chito se enoja si una se pone a perder el tiempo conversando y sacando la vuelta.

El Miguel no me ha visto parece, o si me ha visto está pensando algo, no se acerca. Cosa rara, saca un cigarro. Yo lo conozco de hace tiempo y nunca lo había visto fumar, la Raca le mete conversa, pero no la toma en cuenta. Este cabro está nervioso, ta' pálido como si la misma calaca lo hubiera tocado, como si estuviera arrancando de ella. ¿Qué le habrá pasado?
Siempre la curiosidad me pega y me pega bien fuerte. Voy a hacerme la tonta. Pero si no se acerca luego voy a ir pa' allá, eso por que la Raca no es de fiar y este cabro es bien pavo.

Al fin, se decidió a cruzar la calle. Viene pa' acá, me voy a hacer la desentendida y me voy a meter pa'l callejón, así lo obligo a seguirme y cacho bien en que pará rara anda metido, ya lo decía yo po': Nadie es de los trigos limpios, todos tienen su yaya.
Ahí viene po', chuta que es elegante este cabro!!, si da gusto mirarlo y tan mal que lo he tratado por cabeza dura, de repente por ahí lo empiezo a tratar mejor, de repente por ahí le creo y nos vamos juntos a vivir, lejos del Chito, de la Raca, de todas las putas estas y toda esta mierda.

Mejor le digo que si altiro, ¿Qué otra cosa más estará esperando? Nada más pues, si a eso viene, eso es lo que quiere escuchar.

Hacáa tiempo que no se escuchaba un ruido de ese tipo por aquí, hasta parecía que estábamos en paz. Una lástima que se haya roto algo que estaba empezando a ser tradición. Qué pena que me haya arruinado justo el lindo momento en que iba a irme de esta porquería. Creo que ya no tengo ganas de aceptar irme con el Manuel, parece que no voy a poder darle mis disculpas y empezar a tratarlo como se merece.
Además me acabo de acordar de mi vida, de toda mi vida, la que he pasado siempre aquí. La acabo de ver así como una película, claro, la película que dicen que ven los que van a morir antes de hacerlo. Y eso parece que voy a hacer yo, con una bala en la cabeza es lo más probable.

Miguel hombre, por las rechuchas, guarda tu arma antes que llegue el Chito.
Igual te doy las gracias, al fin y al cabo me diste la razón dos veces. Una en que nunca iba a salir de este barrio y dos, me mostraste que después de todo tú también eres hombre.