Nuevamente en una plaza, me haces pensar. Demasiadas preguntas para alguien que ha viajado mucho, que ha tomado un par de cervezas (que aunque las haya acompañado de las papas fritas más ricas del Universo enmarañan las palabras) y que, además tiene mucho frío.
Conversamos otro rato más, pero el aire helado y el sueño vencen.
En mi viaje a casa de amigos repaso algunas cosas…y me acuerdo de otras.
Ese Cumpleaños al que llegué por compromiso y casi obligado por un compañero de curso insistente y eterna yunta en eventos de ese tipo. Si ese, el mismo que al otro día asistió a la prueba a la que yo no.
El número de teléfono que me diste, incrédula de que al otro día efectivamente te llamaría.
Tú capacidad olfativa impresionante, el aroma que más te gusta: Sal y Pimienta.
Esa conversación de la vida que tuvimos en pleno campo, rodeados de rumiantes y del líder de su grupo. Ni siquiera un toro hizo que paráramos de conversar.
El río al que nunca llegamos, culpable de que embarrados y frustrados tuviéramos que devolvernos.
La revista que motivó que empezara a coleccionar los mejores discos de la Historia de la música anglo.
Las visitas no programadas al mismo local de comida rápida para pedir la fajita de turno con alguna otra cosa.
El saldo que se acaba cuando la conversación recién comienza y que finalmente termina durando unos treinta minutos en promedio.
Tu cuello, siempre adornado por algún pañuelo.
Algún comentario verbal desafortunado del que aún me siento culpable.
Los mercados persa.
Las acuarelas mal terminadas.
Que al fin y al cabo todo en la vida es un papel.
El lunar aquel que trato de apropiarme, como si tocándolo con la punta de mi dedo cambiase de portador.
La película francesa esa, de la cárcel y la nieve que había en ella.
De la estafa que sentimos cuando terminó (aunque era gratis).
Ciertas cosas que me conversaste relacionadas con greda.
Los ángeles con los que he soñado en más de una ocasión, de su piel tersa y suave.
El largo de su pelo y su aroma exquisito.
Los misterios que guardan algunas mujeres bajo su ropa.
La bicicleta antigua que guardo en mi patio ¿Retrocleta? Algo así, si esa que tiene el mecanismo para doblarla y que ocupe menos espacio.
Mi perro Jimmy (para más de alguien Johnny, que igual es con J).
Que alguien me convenció de que la cifra perfecta es cuatro hijos y no tres como yo pensaba.
Un viaje todavía pendiente en el que vamos a ir de pesca todos los días.
Una cadena de pizzerías de colores rojo y blanco.
Un bolso que te gusta cargar.
El colchón del que casi me caigo por dejarle más espacio útil a alguien.
La canción que está en mi Blog.
Que soy el único que dice Joka.
Las veredas que hemos desgastado a fuerza de caminar sobre ellas.
Que no importa el problema, que importa la solución…bonita canción en definitiva.
La reacción que pensaste iba yo a tener ante la noticia de que no ibas a seguir estudiando.
Que te gusta sentir las texturas igual que a mí.
Las conversaciones en los terminales.
La luz que fluye.
Una micro donde no la pasaste precisamente bien.
Que nunca visitas Stgo. (Casi nunca, los siempre y los nunca no existen).
De que debo llamarte cuando llegue.
Que no tengo que buscar la perfección en todo lo que hago, por eso registro las palabras tal cual llegan, por que me dan felicidad a medida que pasan espontáneamente por mi mente.
Ningún poema ni libro alguno podrán tener el mismo valor para mí que estas desordenadas líneas, amiga mía.
lunes, 15 de junio de 2009
Joka
jueves, 28 de mayo de 2009
Banda

Unos seis o siete años de conocernos, de recorrer el mundo buscando y buscándonos. Haciendo sin cansancio aquello que nos gustaba hacer y que, además, era lo único que sabíamos hacer. Primero fue una jugarreta juvenil, nos juntábamos para pasar el rato. Tocábamos viejos temas de nuestros héroes musicales, los que hicieron Historia por los cincuenta o sesenta. La juventud, tesoro divino, nos permitía dejarnos llevar por horizontes de exploración desconocidos y tan apreciados en otros tiempos.
Luego se vinieron los clubes, pubs y similares. Montar un espectáculo de seis o siete horas durante la noche por un precio hoy irrisorio, pero que no permitía saciar nuestras necesidades de techo, abrigo y pos supuesto cerveza.
Ese nivel de intensidad te hace entender tu instrumento casi a la perfección, lo transforma en una prolongación de tu brazo. Digamos que en parte de ti.
Más tarde alguien nos vio allí, en esos escenarios mal iluminados y entre la bruma de cigarrillo. Comenzamos a viajar. Primero a países cercanos a nuestro terruño, siempre en una camioneta roja, según recuerdo, propiedad de un amigo del colegio. Nos llevaba por poco dinero, de hecho su tarifa era la gasolina más un par de cajetillas de cigarros al día. Nos parecía bien, pues una de ellas terminábamos fumándola nosotros.
¡Preciosos días que no volverán!
Se vino el primer disco, no sin esfuerzo. Tuvimos que armarlo en casi medio día, contando la hora de almuerzo. Ha sido el chacarero más sabroso que he comido en mi vida, sin duda.
Fue un buen trabajo, hoy lo veo con cariño aún cuando musicalmente nos faltaba mucho rodaje.
Para el segundo ya estábamos más maduros, nuestro sonido ya tenía un sello propio. Como compositores también éramos más maduros. Participamos en la parte gráfica del disco. Personalmente aprendí mucho de producción y del estudio en ese entonces.
Luego se vinieron los viajes por todo el mundo, en primera clase. La gente se apostaba de a montones a esperarnos en los aeropuertos. Comenzaron lo gritos, las fotos, el gentío, las entrevistas. Me asustaba, ya no podía salir de casa sin ser abordado.
Seguíamos grabando y avanzando, para ese entonces decidimos entrar en un territorio que nos daba gran curiosidad: el cine. No lo hicimos como para un Oscar, pero para no haber estudiado ni teatro ni nada similar estuvo bastante bien. Lo disfruté bastante.
Los viajes continuaban, la exploración sonora se ampliaba más rápido que el avance de la tecnología. Teníamos que urdir distintas invenciones con lo que había a mano para poder concretar los sonidos que fluían por nuestras mentes.
Precisamente ellas fueron las que recibieron principal estimulación desde ese minuto, no nos permitíamos límites. Éramos jóvenes, sin grandes responsabilidades más que cuidar de nosotros mismos. Claro, además eran otros tiempos, se podía conseguir más fácil todas esas cochinadas.
Ya estábamos consagrados y difícilmente alguien nos diría que no. Más bien todos necesitaban un pedazo de nosotros, tratar de poseernos de algún modo. Nos veían como Mesías, salvadores de sus vidas, creo que le dábamos sentido a sus existencias.
Ya era imposible convivir con los fanáticos, cada vez mayores en número y en audacia. Decidimos terminar con los viajes, en vez de eso nos comenzamos a esmerar en hacer placas pulidas. La orquestación y el cambio de formato no habían sido problema, contábamos con apoyo de músicos profesionales a nuestra disposición, lo que nos dejaba libertad para imaginar nuevas canciones, sonidos auténticos e intentar cosas nuevas.
En ese período fue que nació lo que muchos consideran nuestra obra maestra. Demoramos algo así como 8 meses en terminarlo, en quedar contentos con el. Debí esperar mucho para participar, las percusiones se añadían al final. La crítica nos alabó durante las semanas siguientes. Recibimos cantidad de felicitaciones y celebramos por días y días.
Todo rosa hasta allí…
Las complicaciones se vinieron al año siguiente. Cada cual tenía su pareja, algunos familia, no era posible salir de vacaciones los cuatro juntos. Al parecer habíamos crecido en distintas direcciones, nuestras influencias eran distintas y eso se tradujo en distintas formas de ver y sentir la vida.
Cuando empezamos a hacer el proyecto doble el ambiente era frío, áspero. Todos nos sentíamos alejados del resto, inseguros, desconfiados. Se podría decir que no éramos amigos como antes, sino un puñado de músicos que compartía un lugar físico.
La crítica no nos acompañaba y dejamos de ser los regalones de la gente, tampoco ostentábamos la calidad de solteros codiciados desde que uno de nosotros tuvo la desdichada idea de posar para una famosa revista con su señora del brazo.
En lo musical la desorganización nos inundaba, los álbumes eran erráticos y desorganizados. El concepto ostensiblemente forzado, sin línea base, ansioso. Cada sesión era peor, quizá se podrían rescatar un par de días al mes en los que las cosas fluían naturalmente, cuando había algún tema motivante dejábamos las discusiones de lado y la máquina imparable comenzaba a moverse de nuevo. Lástima que el combustible se consumiera tan rápido.
Luego empezaron las ausencias sin aviso, a veces trabajábamos tres, otros días inclusive dos. Era imposible lograr algo así, para cuando estábamos los cuatro reunidos había detalles enormes, trozos que había que reescribir por completo. Horas de ejecución y práctica dilapidadas.
Ya no era divertido llegar a tocar, y por las cosas más pequeñas se formaban las más grandes tragedias. Estábamos todos contra todos, siendo que lo únicos con los que realmente contábamos éramos nosotros mismos.
Luego uno anunció su separación definitiva del proyecto. Alguien del equipo le llamó e hizo volver, recuerdo que cambié la organización de las cosas en el estudio, puse algunas flores y mensajes positivos para él.
Luego otro. Y finalmente Diego, fue quien tomó la decisión sin consultarnos y lo anunció a la prensa el Viernes recién pasado. Siendo hoy Lunes guardé falsas esperanzas de que alguno volviera, pero al parecer no será así. Las guitarras, el bajo y los teclados están muertos. Creo que no volveré mañana, la batería está un poco dañada y necesita reparación al igual que nosotros.
sábado, 23 de mayo de 2009
El misterioso secreto que lo transformó en un escritor de peso
Parece un título largo, pero así era él. Redundante, detallista hasta el hastío. Poco pulcro al narrar, sin atractivo alguno. En fin, aburridor como el sólo. Eso sí, antes de que todo pasara…
Como su amigo y colega más cercano creo haber sido el primero en escuchar su historia, en como había cambiado por completo su perspectiva de las cosas después de aquella conversación. Procedo a narrarles los hechos de la manera más fidedigna que la memoria permite, dado lo especial de la ocasión.
Guillermo había publicado por fin su tercer libro. Ahora lo había hecho en una editorial comercial muy conocida, lo que le tenía muy feliz. Abiertamente y sin discreción nos dijo a todos sus amigos escritores que necesitaba un empujoncito para tocar la fama, el estrellato, que por ese tiempo para él no consistía más que en aparecer en una que otra revista siendo entrevistado, firmar unos cuantos ejemplares y con fortuna tener algún tipo de relación fogosa con cualquier mujer pseudo-artista. No sabíamos si tenía el mérito, pero si teníamos claro que no era una estrella en especial brillante.
Se había esforzado mucho y para ser franco no había logrado un buen resultado. Éramos muy jóvenes, vehementes y poco maduros como para aceptar por ese entonces cualquier tipo de crítica y eso fue precisamente lo que Guillermo recibió.
Sin quererlo Bianca…¿Se acuerdan de ella verdad? La chica de ojos eternamente tristes y pequeña, sumamente pequeña. Bueno, ella se transformó en quien acelerase el proceso de lanzar a la fama a Guillermo.
Habían tenido una noche algo bohemia en casa de ella, él sin medir consecuencias le dijo que sería bueno para su tío recibir una copia de su nueva creación. Bianca, inocente y con total naturalidad aceptó y fueron a casa de Guillermo en busca de una de las muchas que tenía en bodega, hasta ese minuto se habían vendido solamente unas 100 copias, casi todas a parientes. Lo que Guillermo no sabía era que aquel tío al que Bianca se había referido como uno al que le gustaba mucho la lectura era nada más y nada menos que Vieuxtemps, el de la columna en el diario que todos conocemos. Ese que dicen que hizo matarse a unos cuantos.
Pasaron unas dos semanas y Guillermo escuchó sonar el timbre de su casa, aún sin pasar la borrachera de la anterior juerga fue a atender. Allí estábamos Bianca, Miguel y yo. Ella nos había llamado pues no sabía como decirle, como suavizar las cosas. Sin haber leído la crítica le entregué el diario en la página precisa. Leyó de arriba abajo el cuarto de página que estaba relleno con resumen, foto del autor y portada de la obra y una severa crítica que lo destrozaba por completo.
Se vinieron las explicaciones, las especulaciones, las disculpas, las ofensas, los gritos y todo el ritual que practicábamos por rutina en ese entonces, cuando no sabíamos quienes éramos. Esta vez concluyó con Bianca llorando a mares después de haberle dado la dirección de Vieuxtemps a Guillermo. Miguel intentaba consolar a Bianca, manifestando que si la crítica era tan lapidaria era porque probablemente el trabajo era así de malo. Probablemente así haya sido, pero éramos muy necios para asumirlo en ese momento.
Decidí seguir a Guillermo.
Cuando llegó a casa de Vieuxtemps este le recibió sin darle gran atención, Guillermo con gran ímpetu le mostraba el diario y le apuntaba en gesto desafiante.
No podía perderme el episodio y me trepé por las plantas del patio del viejo, cayendo de golpe en el pasto. Guillermo no se había dado cuenta de que lo venía siguiendo, ni el viejo de que había entrado por la mala a su casa.
- Así que Ud. es el famoso amigote de mi sobrina Bianca…
- Señor mío, ya le dije que sí.
- Un joven petulante, pero con energía. Eso es bueno hijo.
El viejo estaba haciendo un trago, pero al parecer no sabía por donde empezar. No miraba en ningún momento a Guillermo, estaba extraviado buscando algún detalle en un cuadro colgado en la pared.
- He venido para que me dé alguna explicación sobre sus dichos en la columna que ha sido publicada hoy. ¿Quién le ha dado a Ud. derecho para tratarme así?, ¿Cómo puede Ud. catalogar a alguien de bueno o malo en la literatura? Es un Ud. un viejo abominable, un canalla, me gustaría mucho romperle la cara ahora mismo. Pero voy a darle la oportunidad de pedir disculpas.
El viejo pareció especialmente irritado al escuchar la palabra disculpa.
- ¿Ves esa puerta al final de la habitación?
- Sí – Respondió Guillermo- ¿Qué tiene que ver?
- Ábrela, pedazo de bestia. – Vieuxtemps le extendió una llave.
Yo sólo oí un crujido desde la ventana donde estaba espiando.
- Cada uno de ellos dice miles de cosas, miles de ideas se expresan en cada uno de ellos y otras tantas las inventamos cuando entramos en contacto con ellos. Todos han sido creados en un lugar específico, con métodos de trabajo particulares, en situaciones históricas distintas. No es el producto en sí lo valioso, es el proceso que lo concibe lo que importa. Si el proceso es bueno el producto indefectiblemente lo será.
- No me dé una charla tramposa caballero, no estoy aquí para que me trate como a un cabro chico y me meta el dedo en la boca con filosofía barata.
- ¿Cuántos libros has leído en tu vida? 100, 200, 1000…Entre más se lee menos se aprende, después de un punto en la vida los libros son releer y tratar de recordar el pasado más que absorber algo nuevo, no es lo importante el contenido, sino como este está tratado. Cada libro nuevo además de crear una nueva manera de ver el futuro y el presente también modifica la interpretación y la visión de cada hoja escrita en el pasado. Hay un antes y un después. ¿Nunca te has dicho a ti mismo “Cómo a nadie se le ocurrió esto antes”?
- Bueno…si.- Guillermo se había calmado ya. El viejo Vieuxtemps seguí hablando y bebiendo. Pero ahora parecía no tener interlocutor, lanzaba preguntas pero las respuestas no parecían importarle demasiado.
- Cada libro es…una joya por sí misma cuando está escrito con el corazón. Muchos de ellos han sido concebidos sin un propósito establecido de antemano, sino sólo con la intención de gozar escribiendo. Algunos están en nuestra cultura mucho antes que nosotros y seguirán allí mucho después de que nuestros nietos se hayan extinguido. ¿Quién los puede superar? El sentimiento, la energía no las vencerá nadie, nunca.
Vieuxtemps había sido uno de los escritores más apreciados en el mundo entero, sus obras habían recibido los más altos galardones y producían en mí un gran gozo, una esperanza en un ideal. Guillermo nunca había leído nada de él, ni siquiera sabía que el viejo había hecho tanto antes de empezar a escribir esa columna en el diario. Pero para mí las palabras de Vieuxtemps eran un tesoro.
- Cuando hay energía en un argumento, en una trama esta se transmite al que lee. No hay fallas. He leído últimamente algunas cosas donde los errores son evidentes y se suceden uno tras otro. Las localizaciones, la personalidad de los protagonistas, hasta las fechas y horas no calzan con las que propone el escritor en primera instancia. Copias sosas de clásicos, adaptados para el idioma que el vulgo entiende y después son rotuladas de best- sellers, ¡Basura!
Sentí una emoción invadiéndome y al mismo tiempo una mano en mi hombro. Alguno de los vecinos había llamado a la policía. Me sacaron por entre un espacio que había en el portón. Me registraron mientras una Señora bastante fea atizaba las dudas de los oficiales ante mi negativa a responder cualquier interrogativa.
No sabían quien era aquel hombre que no tomaba en cuenta los llamados a su puerta. Ignoraban por completo que ese genio estaría en ese momento develando grandes secretos a Guillermo.
Decidí entonces que era momento de alejar a los oficiales de allí. Si alguien había tenido el privilegio de encontrar a Vieuxtemps, de ser recibido por él (Bianca había intentado que yo tuviese alguna cita con él, luego de siete intentos fallidos con severas lesiones para mí desistimos de la idea) debía de aprovechar al máximo la oportunidad. El destino había querido que fuese Guillermo y no otro, el privilegiado.
Lancé una patada con todas mis fuerzas a la patrulla, escupí a uno de los oficiales y grité un par de consignas políticas del lado erróneo para hacerles saber que era una amenaza al actual gobierno. Ante mis arengas me subieron esposado y me llevaron con urgencia a la Comisaría más cercana. Pasé allí un par de días. Miguel fue a sacarme.
De Guillermo nadie sabía, se había desaparecido. Seis meses después supe de él. Me contó algunas cosas que había hablado con Vieuxtemps, de cómo el viejo le había dado lecciones durante tanto tiempo, de cómo se habían hecho amigos y otras tantas cosas que no creí ciertas hasta que fui testigo de su nueva forma de escribir, de ese lenguaje seductor al que nos acostumbró. Bianca no entendía como su tío había accedido en tan poco tiempo y con tanta facilidad a pulir a uno del montón, a uno que para nosotros era el menos dotado para llegar a ser alguien. Sin embargo lo hizo.
No sé que extraña poción le hizo beber, pero Guillermo nunca volvió a ser el mismo. Empezó a tener pensamientos cada vez más elaborados, ideas cada vez más brillantes. No sabíamos como aproximarnos a él, como lograr una pizca de su claridad mental, de su natural y pura inspiración. Nosotros que nos creíamos mejores que él en el oficio de escribir ya no le llegábamos ni a los talones. Las ideas fluían, era un torbellino indómito, salvaje cuando estaba trabajando.
Semanas sin dormir en las que escribía encerrado en su casa, ni siquiera comía. Si no hubiese sido porque alguno de nosotros lo visitaba habría estado más que días sin probar bocado.
Comenzó a viajar mucho, a escribir mucho y esas cosas fueron originando que nos viéramos cada vez menos. No por eso se perdió la amistad, pero para ser sincero ya no me siento digno de hablar con él de autores, de obras, de libros, de la vida, de la existencia. Parece tener todas las respuestas en su cabeza. Es sin duda el mejor escritor que ha aportado nuestro país al mundo.
Sólo en ocasiones especiales como esta puedo conversar con él como en los viejos tiempos, cuando escribía como un ser humano común y corriente…Cuando no sabía todo lo que le enseñó el viejo al que ahora vamos a ir a enterrar.
lunes, 2 de marzo de 2009
El hombre más poderoso del mundo
Ostentar este cargo ha sido siempre una odisea, en los últimos tiempos ha llegado a límites otrora inimaginables. Afortunadamente cuento con un experimentado equipo de colaboradores en quienes reconfortarme.Las especulaciones económicas que hemos propuesto al mundo, el régimen del terror, la imposición de la basura mínimamente digerible (en todo ámbito) están perdiendo sus efectos en el ciudadano promedio. Ya no basta con hacer promesas, con adornar discursos con metáforas e hipérboles; los votantes exigen que la palabra empeñada sea cumplida.
El juego se está complicando, pasamos de un tablero de damas chinas a uno de ajedrez en los sesenta. En la actualidad las casillas se han multiplicado otorgando a esto una similitud enorme a un zigzagueante y desafiante juego de Go oriental.
Los chinos precisamente inventaron aquél para perfeccionar las técnicas de guerra, la estrategia y la visión global. Hoy las tecnologías no nos permiten manejar con facilidad el complejo contexto político mundial. Ya no tenemos un único y fuerte antagonista, sino que varios y de diversas envergaduras. Es triste y amenazante el pensar en su potencial unión.
Lo peor de todo es que nuestros propios patriotas, nuestro ejército se ha puesto en contra de nosotros como resultado de gestiones mal elaboradas. Su tolerancia se ha visto ostensiblemente mermada y con ello todas nuestras capacidades de convencimiento y valores a toda prueba han desaparecido.
Hemos hecho lo que hemos tenido al alcance, pero el impacto de nuestras mociones ha sido cada vez menor, incluso inverso a lo esperado.
Hay incidentes claramente vergonzosos de los que mis predecesores han sido víctimas, bochornosos encuentros sexuales clandestinos, zapatos voladores, argucias, falsos testimonios, copas de más. Que pena no poder hacer nada más.
Algunos de los que ocuparon mi lugar con antelación han terminado muertos en extrañas circunstancias, por oponerse a ocupar territorios ajenos, a continuar guerras, a en fin; hacer soberanía y liberar a del yugo terrorista al mundo.
El mundo nos debe mucho aún, gracias a nosotros volvió el equilibrio luego de las 3 guerras mundiales. Neutralizamos totalmente las armas nucleares del medio oriente, Uds. lo recordarán si hacen un poco de memoria.
Algunos dijeron que tales armas jamás existieron.
Estos fanáticos políticos obviamente ignoraron por completo los atentados que sufrimos tanto en nuestro principal centro de investigación como en el económico. Muchos alegan que en el palacio de las cinco puntas jamás se vio pieza alguna de un avión después del impacto recibido. Es obvio de que el sitio fue limpiado después de la detonación, el área fue evacuada inmediatamente y con agilidad ejemplar.
Cuando las torres fueron impactadas no quisimos armar alboroto alguno, pensamos que lo correcto era no sobredimensionar los hechos. Nos tomaron por sorpresa y por ello ninguno de nuestro aviones de combate pudo prevenir el choque del segundo avión, si bien la inversión en armamento es grande no solemos ser paranoicos con nuestra protección.
Algunos dementes llegaron incluso a afirmar que nuestra nación se atacó a sí misma mediante estos crueles atentados. ¡Imposible!, que el lugar haya sido vendido anticipadamente es una mera coincidencia. Los testimonios de bomberos rescatistas tampoco deben ser tomados muy en serio, es inconcebible siquiera pensar en que nuestro gobierno sembrara explosivos en sus propias dependencias.
Jamás hemos inventado pretextos para invadir país alguno, nunca hemos pasado a llevar la libertad de ningún jefe de gobierno ni su integridad se ha visto perjudicada por nuestra labor.¿Manipulación económica?, ¿intervención de medios informativos?, ¿bloqueos? Absolutamente ridículo.
Nuestro deber es velar por que se mantengan la paz y armonía en el mundo.
Seguiremos enseñando a toda patria que lo requiera como administrar sus recursos, como finiquitar sus problemas, como salir adelante, como crecer económicamente a ritmos acelerados. De haber cometido en ocasiones un error no ha sido otro que mostrarnos excesivamente solidarios con nuestros aliados, pues, que quede bien grabado en la memoria de todos y cada uno de los habitantes de nuestro planeta, el que no está con nosotros está con el terrorismo. No permitiremos esta clase de expresión en ningún grado y la sancionaremos con la mano más dura que nos sea posible.
Seguiremos en el juego mientras sea necesario, si existen recursos para usar estaremos de pie estoicamente, mientras uno de nuestros ciudadanos permanezca vivo continuaremos la tarea de mantener al mundo en paz, pues en dios confiamos.
Juro por mi vida que así será, no en vano he sido nombrado como Presidente de este país. No en vano soy el hombre más poderoso del mundo.
viernes, 19 de diciembre de 2008
Agenda
Caminamos hasta un bosque cercano y nos sentamos en una banca que estaba a punto de caerse.
Recuerdo que hubo un silencio muy amplio. Ni siquiera el canto de un pájaro, ni el ruido de algún motor en la lejanía. Nada.
Traté de tomar su mano lentamente, acercándome de a poco como los felinos inexpertos en el arte de la caza. Me reconocía a mí mismo como un inexperto en el arte del amor.
Pero mis movimientos fueron demasiado lentos y previsibles. Para cuando estuve lo más cerca que había estado de su mano ella estaba mirando la hora.
- Pensé que era más tarde- dijo, y puso sus manos sobre sus piernas, con cierto aire defensivo.
Decidí jugármela y tratar de tomar su mano por segunda vez. Al mínimo contacto dijo:
- Tengo unos porotitos ¿los ves?
- Si, ¿es alergia? Fingí estar interesado, pero en el fondo de mí estaba triste por la oportunidad perdida. Utilicé su propio recurso para cumplir mi objetivo.
Tomé su mano entre las mías y empecé a esbozar un clásico sana sana, potito de rana. Su sonrisa (la cual hasta ese momento desconocía) era una mezcla de coquetería, inocencia y felicidad.
Sus manos eran muy lindas, estilizadas, suaves y lo más importante se dejaban tocar por fin.
Recuerdo casi todo lo de ese momento, los aromas, los colores, su vestimenta, su textura, todo. Si, sobrino así fue.
La conversación de allí en adelante se hizo más llevadera, habíamos adquirido confianza y cada uno empezaba a decir lo que realmente pensaba. Comenzamos a hablar cosas que eran importante para ambos, ya no solo las tontas anécdotas sosas que uno dice cuando está conociendo a alguien. Su modo de hablar me producía algo poco común, un nivel de vigilia superior al que estaba acostumbrado. Me sentía muy despierto.
- Claro, en esos documentos que me pasaste leí sobre eso. Es muy científico…- Ella seguía convenciéndome de la importancia del modo de nacer, si en el agua, si por parto natural, si por cesárea. Y obviamente yo la seguía escuchando muy alerta y atento a detalles como el brillo de su pelo castaño y largo, con una chasquilla. Su falda de mezclilla, su polerón rojo, sus uñas pintadas con flores, sus zapatillas café.
Si me hubiesen hecho una prueba sobre lo que vi ese día habría recordado cada palabra, cada imagen, todo.
- Entonces eso a la larga va a influir en como el bebé se relacione con el mundo, y cuando sea más grande va a potenciarse el mismo fenómeno ¿entiendes?
Asentí con al cabeza y continué mirando sus ojos hermosos y sus tonos entremezclados.
Tomé aire y comencé a argumentar mi posición con respecto al apego, de manera muy vehemente para un muchacho que si bien estudiaba Psicología con suerte había oído el término un par de veces.
Por su reacción creo que la impresioné un poco, o al menos eso me dio mayor terreno.
Me acerqué y sin dejar de mirarla a los ojos la besé, nos besamos por primera vez un día sábado. La excusa había sido un taller de pintura, yo de pintura no aprendí nada. Ella si, como supe más tarde.
Estuvimos sentados contemplando lo que nos rodeaba y a nosotros mismos largo tiempo. Acariciándonos y siendo cómplices en besos que poco a poco empezaban a salir más naturales, más resueltos.
La quise (y quiero aún) mucho. En esos días todo era felicidad y esperanza. La recordaba a menudo, aunque debo reconocer no nos veíamos tanto como nos habría gustado. Tampoco era bueno para escribir o llamar, principalmente por que me costaba organizar mis actividades de forma ordenada.
Pero cuando estábamos juntos la pasábamos muy bien, todo era sumamente intenso, y así fue por unos cuatro o cinco meses.
Cuando ya las vacaciones se acercaron me dijo en una de nuestras citas.
- Este es mi número, guarda este papel y llámame cuando estés en Santiago.
Envolví con mi mano la suya, la besé y tomé el papel para guardarlo en mi bolsillo sin haberlo mirado mucho.
- Te prometo que te llamaré cada vez que pueda – respondí-
Marcaba su número cada vez que era posible, pero la respuesta nunca llegaba. Siempre ocupado…empezaba a desesperarme. Me estaba sintiendo triste por haber tenido que partir, por no poder verla para su cumpleaños que justamente era en uno día de vacaciones de verano. Pero seguía marcando cuando podía, como siempre sin obtener respuesta. Fue en ese instante cuando opté por escribir una carta escueta.
“Querida V:
Te he extrañado mucho, te he llamado muchas veces y no me he podido comunicar contigo. Me encantaría tener noticias tuyas y ojalá estés bien, trata de escribirme o llamarme.
Se despide con mucho cariño G.”
Si la carta fallaba estaría realmente complicado, ¿y si la carta no llegaba?, ¿si no tenía ganas de responderme?, ¿si le gustaba otro?, ¿si tal vez se cambió de casa?
Me hice estas y otras miles de preguntas hasta que un día llegó la carta de respuesta. La abrí con cierta ansiedad, pero con el corazón henchido.
“Querido G:
Es una pena que esto no esté resultando, no he recibido llamada tuya desde hace mucho. Siento que estoy entregando más de lo que recibo y esto no puede continuar así.
Se despide V.”
No entendía nada, busqué el papel en mi mochila. Metí la mano en cada bolsillo y el dichoso no aparecía. Busqué en todas mis chaquetas y por fin di con el papel, con el papel correcto, con el número al que debería haber llamado en verdad. Un papel celeste donde estaba el número de ella acompañado de un “V. te quiere” y un par de dibujos de animalitos. Entonces el otro papel, ¿de qué era? Jamás lo supe, pues jamás hubo respuesta. Tampoco supe cuantos años estuvo ese papel en esa chaqueta y no logré explicarme como fui tan torpe para no darme cuenta de mi equivocación. Las equivocaciones se pagan sobrino mío…
Tampoco valía la pena pedir disculpas y contar la historia. Volver a otra ciudad en vacaciones y tratar de explicarle en persona habría sido una obra muy arriesgada para alguien que estaba tan herido en su autoestima como yo. Opté por la solución más fácil, encerrarme y tragarme mi pena, mi rabia contra mi mismo.
A menudo la recuerdo y tengo total seguridad de que si eso no hubiese ocurrido habría sido ella el amor de mi vida, mi musa, mi compañera…
Por eso sobrino, cumplo con mi deber de regalarte una agenda.
lunes, 15 de diciembre de 2008
Testamento
A pesar de haber ido varias veces, el llegar al lugar siempre me producía sensaciones encontradas. Seguía el camino de forma automática y siempre pensando en muchas cosas, en el futuro, en la familia, en mí y, obviamente, en lo que el Tata significaba para todos.Cuando finalmente estuve en frente de él me saludó de la manera en que acostumbraba desde que yo era pequeño: - ¡Hola, campeón!- me dijo, como si realmente no pasara nada y estuviese en el living de su casa.
- Hola, respondí. - ¿Te has aburrido mucho? – En su sala habían cinco personas más, todos hombres y con la común característica de haber sido militares. A esas alturas sabía gran parte de sus vidas, me habían contado muchas historias y dado grandes consejos.
- No, siempre hay que mantener el ánimo y saber sacar lo positivo de las cosas. Me han enseñado mucho de medicina en estas tres semanas.
Así era él, jamás escuché de su boca alguna queja. Todos le queríamos por ello, era muy sabio, siempre escuchaba y daba el aliento necesario para enfrentar cualquier inconveniente. Era muy fuerte.
Me tranquilicé luego de hablar con el un rato, una conversación sin temas densos, sin exabruptos. Seguía recordando fechas, lugares, me preguntaba por como estaban algunos de mis tíos y de mis estudios.
Viendo el cielo oscurecer creí preciso irme a casa, le pedí disculpas pues no podría visitarlo tan seguido como lo había hecho hasta la fecha ya que debía de irme a estudiar fuera de la ciudad y además responder a un ajetreado calendario de actividades musicales al que no podía decir que no. Dijo: - No es motivo de preocupación, entiendo que estás haciendo cosas importantes y es un orgullo el que estés representando a la familia en todo momento. Eso sí, no te puedes ir sin tocar algo.
Pensé en que dirían el resto de las personas hospitalizadas, pero cuando vi sus rostros me di cuenta de que aprobaban la idea también, saqué mi viola de sus estuche como lo había hecho cientos de veces durante varios años, sin embargo, ahora el ritual tenía una connotación especial; estaba tocando para mi abuelo.
Elegí con cautela la pieza a interpretar, me decidí por Bach ya que sus melodías tienen un grato sabor a canción de cuna e irradian tranquilidad, pensé que era necesaria en el lugar y les haría muy bien a todos. Me esmeré por hacerlo lo mejor posible, la música fluyó por sí sola de principio a fin. Estaba en algo así como un trance cuando los aplausos me sacaron de ese estado, algunos me felicitaron y otros le dijeron a su “General Chico” que su nieto tocaba muy bien.
- Mi nieto no más – dijo mi abuelo a los demás señores que compartían sitio con él.
- Gabriel, espero que sigas adelante con las cosas que estás haciendo. También que cuides mucho a tu hermano y a tus primos, sé que seguirás un buen camino y estoy feliz por eso, cuando me pase algo…
- ¡Tata! – Interrumpí de inmediato, pues el tono de su voz era algo trágico.
- Déjame terminar, cuida a tu abuela y visítala seguido. Ténle paciencia, está bien mañosa la jefa. Quiero también que proyectes siempre y donde vayas las cosas que he tratado de enseñarte, a veces me he equivocado como padre y sé que debí prever algunas cosas. No sé si haya tiempo para resolverlas, pero eso queda en manos de Uds., a ti y a tus primos encomiendo la tarea de que la familia se mantenga unida.
- Tata, no me digas estas cosas que suenan a despedida. Voy a venir a verte luego, quédate tranquilo que nada malo va a pasar y sé que te vas a mejorar. Ya habrá tiempo para hablar con mis primos y mis tíos. Los médicos han dicho que estás bien y no creo que haya complicaciones, son profesionales muy buenos.
Realmente me habría gustado estar en lo correcto, pero la verdad no era mucho lo que sabía de los diagnósticos y en caso de tomar decisiones sólo sus hijos se reunían a debatirlas.
- Es posible que me mejore, todo se puede si están las ganas. Eso sí, los matasanos a veces se equivocan. La verdad estoy un poco cansado, me gustaría dormir. Además es tarde y no es bueno que su Mamá se preocupe. Déjame darte un abrazo.
Me acerqué, me abrazó con gran energía y me dijo al oído: - Estaré contigo donde quiera que vayas; nunca te rindas sin antes darlo todo, no lo olvides.
Estreché su mano con la mayor fuerza que pude. Él me enseñó que eso demostraba valor, energía, templanza, honor e integridad a aquél que recibía el saludo.
Se acostó de nuevo, mientras cantaba un tango de esos que tanto le gustaban y con los que me despertaba cuando me quedaba a alojar en su casa.
Me quedé husmeándolo desde la puerta. No se durmió como dijo que lo haría, seguía pensando. No parecía inquieto, más bien estaba resignado a que estaba frente a un problema que no podía solucionar.
Una de mis tías me contó cuando llegué a casa de mis abuelos que a ella le había dicho en el hospital que no tendría las fuerzas suficientes para pasar Marzo y que quería pasar sus últimos días en su casa.
Me sorprendió mucho el haber escuchado eso, ignoré el comentario y no le di importancia, lo había visitado hacía un par de horas y se veía muy bien. Aún así, sentí cierta inquietud al ver el calendario, la fecha señalaba el día primero del mes.
Decidí dormir, debía viajar a matricularme a una ciudad lejana, el viaje no me resultaba de lo más agradable y mucho menos si se trataba de uno que tenía por objetivo realizar trámites burocráticos.
Hice el equipaje, lo justo y necesario para pasar dos días fuera y volver a casa. Mi principal preocupación era que no iba poder visitar a mi abuelo durante esos dos días, hasta la fecha no me había ausentado ninguno aunque tuviera cosas importantes que hacer.
Salí temprano de casa, conseguí un pasaje a buena hora por lo que arribé temprano a destino. En la Universidad nada nuevo, ningún conocido, papeleos simples y expeditos. Por ello fui inmediatamente a comprar mi pasaje para el otro día lo más temprano posible. En la agencia me dijeron que el primero salía cerca de las ocho. Con despertarme a eso de las seis y media tendría tiempo suficiente para tomarlo luego de dormir, además podría ir a ver al Tata durante las visitas de la mañana, mejor aún había ahorrado un día de estadía.
Alguien me llamaba, estaba confundido y no sabía si estaba soñando. Desperté por completo, me incorporé, vi la hora en mi reloj: apenas las cinco de la mañana.
Golpearon la puerta y me informaron: - Gabriel, tu abuelo falleció a eso de las dos de la mañana en su casa. Convenció a tus tíos de que lo llevaran allí, según el médico no hay razón médica aparente que lo explique.
Hasta en la última visita que le hice no dejó de tener razón, para mejorar hay que estar motivado a hacerlo, la medicina más avanzada puede errar a veces.
Tuve el privilegio de haber sido el último en conversar con mi abuelo cuando estaba aún lúcido, en haber podido escuchar sus postreras enseñanzas y sentir la tranquilidad de que siempre me acompañará y estará conmigo; en definitiva de haber recibido su testamento.
Estabas en lo correcto Tata, todo tiene solución menos la muerte.
martes, 2 de diciembre de 2008
Relación clandestina
Sin embargo, tampoco podía ignorar que estaba en cierto punto nerviosa, la ansiedad de la espera (aún cuando era breve) la tenía muy agitada.
Ella había llegado hacía unos cinco minutos, nada más. Usualmente se hacía ver en los lugares de encuentro algunos minutos antes de la hora acordada, eso le permitía estudiar el sitio durante algún tiempo, escoger bien el lugar donde ubicarse, reconocer el área y sobre todo aclimatarse, ya que era de su total disgusto sentirse incómoda en algún lugar. Así, ella sentía total seguridad y, por lo tanto, le era más fácil soltarse.
En cambio él no solía utilizar este tipo de estrategias, para él el arte de la improvisación era un ejercicio exquisito. Entre más desconocido le resultaba algo, más a gusto se sentía y más a gusto hacía sentir a los demás.
Eso podía recordar ella de él, la verdad el tiempo no había pasado en balde y de su último diálogo lograba esbozar un par de palabras y un solemne te quiero gritado a la distancia por él sin pudor alguno.
Intentaba forzar su memoria cuando sintió una mano conocida en su espalda. Finalmente él había llegado.
- Silvia, estás bellísima! No has cambiado nada.
- Tú también estás muy guapo, Marco.
- ¿Hace mucho rato que estás aquí?
- No mucho – contesta ella con cara de extrañeza.
- Menos mal, no tengo reloj y como la tarde estaba muy agradable decidí caminar un rato y bueno, se me pasó la hora.
Esa inconsciente falta de interés y su siempre obvia distracción era lo que despertaba en ella el cariño tan grande que sentía por Marco. Silvia estaba aún muy ligada a aquél hombre que tenía al frente, según parecía su vínculo se mantendría por siempre y a pesar de las constantes barreras contra las que debían luchar para verse a escondidas.
Pasó por su mente el como estarían las cosas en casa, a esa hora más de alguien habría notado su ausencia. Rara vez tardaba más de media hora en llegar a casa después del trabajo.
- ¿Silvia?- Marco notó la falta de concentración en el aquí y el ahora.
- Disculpa, estaba pensando.
- ¿En qué?
- En todo el tiempo que ha pasado de la última vez en que nos vimos, en todos lo proyectos que teníamos en mente. En que aún ambos estábamos solteros.
- ¿Realmente fue hace tanto?...
- Si, ahora desearía de verdad no haberme apartado de ti. A veces creo que lo mejor habría sido seguir viviendo juntos. Fue una época muy linda, escaparnos de nuestras casas y arrendar ese pequeño departamento. Nada nos faltaba.
- No te pongas triste ahora es más difícil vernos, pero eso no significa que no te quiera y que no podamos en un futuro hacer muchas cosas los dos. Eso si, sin que tu madre sepa, la Sra. Es un poco pesada a veces.
- Eso no es mi culpa, tonto, yo no la escogí.
- Punto a favor tuyo, totalmente cierto.
- Tu padre tampoco es lo que se llama un retrato de la simpatía.- dijo Silvia con una sonrisa cálida en su rostro.
- Otro punto a tu favor- añadió Marco, que nunca ocultó que desde que tenía memoria sentía un puñado de emociones negativas por ese señor.
- ¿Te acuerdas de la cara que puso tu padre cuando nos fuimos a vivir juntos? “Esa niña no ha tenido una buena crianza, es cosa de mirar a su madre, una loca, una desvergonzada”. Que yo no tenía ningún tipo de destino siendo mi padre quien me criara, que no tenía ningún destino siendo hija de una actriz.
- Recuerdo muchas crueldades, ¿pero realmente quieres hablar de ellas? – Marco encendió un cigarrillo.
- No…por supuesto que no, pero estoy un poco confundida. Te he extrañado demasiado y no sé por donde empezar a contarte las cosas. Mi esposo… No sé.
- Tranquilízate, si hay dificultades sé que podrás solucionarlas…
- Es que te he echado tanto de menos, las cosas se daban de maravilla entre nosotros. ¿Acaso me vas a decir que nunca has soñado con volver a vivir juntos?
- Emmmmmmm, bueno para serte franco lo he imaginado un par de veces. Pero sería imposible. Silvia, tú sabes lo que piensa mi madre de ti y como se pone cuando algo se le mete en la cabeza.
- Es cierto, no nos dejaría solos jamás, estaría entrometiéndose en todo.- Silvia comenzó a mirar el reloj.
- ¿Estás segura de que quieres hacer esto? –espetó Marco.
Era su estilo, dejar la libertad suficiente para que la decisión no fuera forzada. Ambos habían estado planeando esta salida a escondidas durante largo tiempo, postergando compromisos, adelantando reuniones, cancelando ciertas actividades.
- Claro que si, ¿acaso te arrepientes? Ninguno de los dos debe echar pie atrás ahora. Esto no tomará más que un par de días.
- Te quiero mucho Silvia, pero debes pensar en el alboroto que se va armar en tu casa.
- No seas tan melodramático, volveré y nada los hará darse cuenta. Tengo todo planeado, querido.
- Ojalá así sea, quiero pasarla bien contigo. Pero me pregunto como reaccionará tu esposo.
- Relájate, yo me cuidaría más de tu señora esposa.
Ambos sabían la complejidad de ser eventualmente descubiertos. Ninguno era bien visto en la familia del otro. Tanto Silvia como Marco estaban conscientes de que sus encuentros (aún cuando fuesen fortuitos) no eran bien vistos a los ojos de la madre de Silvia ni tampoco del padre de Marco, ellos además habían sido la fuente de suspicacia en sus respectivas parejas.
- Tú cuídate de mamá. De que se separó de papá que su humor es un desastre.
- Está controlada, a propósito ¿cómo ha estado papá?- preguntó Silvia con un aire compasivo.
- Dedicado a sus cosas de abogado, tiene poco tiempo para dedicarle a su nueva esposa.
- ¿Es tan joven como mamá decía?
- Un par de años mayor que yo.- contestó Marco
- Es una lástima que las cosas hayan sido así, que se hayan separado, que nos hayamos tenido que largar de casa para vivir juntos y tranquilos. Que tuviéramos que volver y decidir irnos uno con cada uno, es decir, que nos hayan separado. Te he necesitado mucho hermano.
- Silvia, mi bebé, mi preciosa hermana. No te pongas triste, disfrutemos este fin de semana y las cosas que nos traiga.
Marco la abraza con gran cariño y demostrando que está dispuesto a protegerla por siempre.
- ¿Playa o campo?
- Playa – Responde Silvia, dando unos pasos como de niña, casi unos saltos juguetones.
Y así se fueron en busca de un fin de semana como los de su niñez, cuando vivían bajo el mismo techo y su relación no era clandestina.
