sábado, 29 de enero de 2011

Visiones

- Ambos sabemos que esto no llegará a ningún lado Marta…

- Házme caso Javier y escribe en tu cuaderno rojo las cosas que estoy diciéndote.

- No puedo creer que esté efectivamente haciéndote caso, menos aún a estas horas de la noche.

Le pasaba a Javier seguido, levantarse en cualquier momento para complacerla. Era más a menudo de lo que le gustaba las primeras veces que se vieron y compartieron algunas escuetas palabras.

- Muy bien, ahora que ya te lanzaste es seguro que alguna idea surgirá, ¿no?

- Marta, te he dicho en más de una ocasión que así no funciona.

- Créeme, sé tanto de ti como tú mismo. Sé con total seguridad que necesitas un impulso externo a cada rato. Ahora te lo estoy dando, continúa…

- Tengo sueño...pero de todas formas no te vas a ir…voy a intentarlo…

- Podrías escribir de tantas cosas, eres entretenido, por eso te elegí.

Marta estaba en lo cierto, Javier escasas veces mostraba gran iniciativa y tenía total razón en que los temas de los que podía escribir eran muchos y además de gran interés para el público general. No obstante, para Javier siempre era arduo y significaba demasiado trabajo el salir de la inercia.


- ¿Te parece si ...?

- Por ningún motivo, no creo que sea buena idea que escribas sobre tiempos en que no sabíamos el uno del otro.

- Me la pones cuesta arriba. Hace no tanto que te conozco y de que te recuerdo que me he dedicado a estar encerrado. Sabes que me da un poco de pudor salir por ahí contigo acompañándome.

- Me tiene sin cuidado. Yo no te he prohibido seguir viendo a tus amigos y a tu familia. Tú sólo te has ido aislando, yo no soy la responsable. Por lo demás, estás escribiendo, no te distraigas.

La noche avanzaba, el sopor de Javier se dilataba y sus diálogos con Marta no le permitían concentrarse como de verdad hubiese querido. Aún así pasaban por su mente un gran número de ideas por concretar, con gran celeridad iba apuntando detalles relativos a cada una de ellas.

Marta ya no le causaba tanta interferencia, tal vez se contentaba con observar a Javier escribir, acercándose de cuando en cuando a oler el tabaco que fumaba, parecía que cada bocanada de humo otorgaba al escritor algo de inspiración. Estaba más suelto y confiado.


- Javier, ¿me tienes miedo?

- Por el contrario, de que apareciste en mi vida todo ha ido de viento en popa. Hasta cariño te estoy tomando.

- No querrás que me vaya, ¿o sí?

- No digas tonterías jamás ha pasado por mi mente idea semejante. La pasamos muy bien y lo sabes. Me haces sentir como un niño chico, explorando todo lo que puedo.

- Pregunto pues me parece que ya no estamos haciendo juntos las cosas que antes hacíamos. Si no fuese tan insistente quizá dejaría de existir para ti.

- Por favor, eso no va a pasar.

- ¿Y podrá pasar?

- Dime tú si eso es posible.

- Personalmente creo que no, pero no estoy segura.


Y así Javier seguía escribiendo. Algunas de las palabras de Marta crearon una reverberación en su cabeza. Javier las repasaba una y otra en vez, sin notarlo, en voz alta: ¿Será posible que ella se vaya sin explicación aparente?, ¿estamos haciendo menos cosas en común de las que hace un tiempo hacíamos?, ¿se da cuenta ella de que la necesito muchísimo?

Marta se acercó a observar sus escritos.


- ¿Te parece bien?

- Creo que nunca en tu vida haz hecho un cuento más simpático e interesante. Muy bien estructurado, me recuerda a Mijaíl Bulgàkov.

- Cosas como esa que acabas de decir me hacen pensar que eres una prolongación de mi ego.

- No exageres Javier, si así fuera, técnicamente podría dejar de existir.

- Buena idea. En este momento de la noche, preciso dormir.

- Muy bien. Por hoy cumplí mi objetivo, espero verte cuando quieras pintar, hacer algo de música o quien sabe, seguir escribiendo.

- Por hoy suficiente, Marta. Te agradezco mucho que hayas aparecido justo ahora. Nunca podré decirte lo agradecido que estoy de tí. Espero que nos veamos pronto, debo reconocer que te extrañé bastante. ¿Cuándo vuelves?

- Ni tú ni yo podemos saberlo, da un grito y estaré aquí mismo sentada.

- Por mí está bien pasado mañana. Este psiquiátrico es de lo más tedioso, de no ser por ti y la chica de las acuarelas me moriría de aburrimiento.

- Bien, volveré. Recuerda que no debes contarle a nadie que estuve aquí.


Cualquiera que atestiguara este tipo de diálogo habría entendido muy poco en el mejor de los casos. Es muy probable que tú, si tú…querido lector, hubieses huido de aquí presa del espanto. O por lo menos tendrías que haber demostrado cierto escándalo por la locura de Javier.

Claro, es chocante ver a un sujeto hablando solo. Sobretodo si se ve tan normal, si tiene una novia como la que Javier tenía, si tiene un buen trabajo y, detalle no menor, es famoso y reconocido en el área a la que se dedica.

He visto varios. Son increíbles. Imaginan a su interlocutor, le atribuyen personalidad propia, forma física. Se han notificado casos en que pueden palparlos, les dan un aroma; todo ello para sentirse menos amenazados ante la presión constante del medio que les circunda. Estos sujetos crean un lazo emocional con un ente imaginario y además lo moldean a su antojo. Javier escribe las palabras que Marta dirá, crea los guiones de sus diálogos y los recita. Nadie ha podido ver a Marta, salvo él.

Así son las visiones menos mal, privadas.

Mañana volveré con el caso de Javier, después de todo es inofensivo.

jueves, 12 de agosto de 2010

El Festival de *******

En verdad se transforma en un gran desafío realizar una descripción detallada de las manifestaciones y ritos de los que fui testigo en el Festival de *******.

Para nosotros, ubicados a miles de kilómetros de distancia y precisamente en la parte opuesta del globo, resulta difícil entender la felicidad y el gozo que llena a los habitantes de la localidad. ******* no cuenta con electricidad, con sistemas de alcantarillado ni otros “lujos” que son básicos en las metrópolis con que estamos familiarizados y cuya carencia puede sumirnos en la mayor de las desesperanzas.

En este poblado la transmisión de la cultura es de boca en boca, y la crianza de los niños está orientada a entregar herramientas que les permitan la subsistencia día a día y con ella la autosuficiencia, ya que en las tribus de ******* se cree que un individuo puede asumir los deberes y responsabilidades de un adulto a la edad de doce años.

La música está, para ellos, inspirada en la naturaleza que los circunda. En canto de un pájaro, el sonido del viento sobre las colinas, el agua brotando de las cascadas son fuente de inspiración para los habitantes de *******.

Es aquí presentado un extracto de los temas típicos que han sido reproducidos y ejecutados en la zona desde hace miles de años, puntualmente cada vez que la primavera devuelve su esplendor a la vegetación del lugar.

Mis más sinceras disculpas por la imposibilidad de recoger la totalidad del evento en registro magnetofónico, pero dado que el Festival se extiende por más de una semana y que los cánticos y temas aquí incluidos duran en ocasiones días enteros, esta necesidad se hace comprensible.

Lamento también el que algunas de las voces resultan virtualmente inaudibles para el oído occidental, la razón de ello es que los intérpretes no estaban entonando sus himnos para un auditorio de mortales; por el contrario, las melodías iban dirigidas a espíritus de otros planos e invisibles para nuestros ojos.

De cualquier modo espero haber capturado en profundo la verdadera esencia del Festival de *******.

Es un privilegio poder compartirla hoy con ustedes.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Creencias viciadas

Explicar como la humanidad ha evolucionado resulta una tarea de alta complejidad. Sigo creyendo en el Génesis y en la forma en que allí se narran los acontecimientos en los que el hombre vio sus albores, creado como una sublime obra por un poder superior e incuestionable. Dicho poder se constituye y alza por sobre toda forma de vida en la faz de la Tierra.

Mis valores y creencias son incompatibles con las vejaciones morales, las faltas a la ética, los oprobios, las afrentas y mancillas que de tanto en tanto pasan por mis ojos.

Cada uno y todos nosotros tenemos el insigne y espectacular derecho, sino obligación, de hacer de nuestro medio uno mejor. Fue lo que intenté con firmeza durante mi vida.

Mas, ¿Qué se ha ganado en estos años?, ¿Hacia dónde va todo en esta era?

No se encuentra entre mis virtudes ni en mi potestad juzgar, ni mucho menos dar castigo. En ocasiones, es cierto, la carne es débil y la justicia se toma por propia mano. No obstante, creo saber por iluminación suprema que eso tampoco es un aporte, para que decir la distancia que guarda con un avance en nuestra calidad espiritual.

Los años que han pasado me han servido para pensar y pulir mis ideas. La conclusión que a mí llega no es otra más que el hombre, a diferencia de lo que Rosseau en particular y una serie de otros sujetos “ilustrados” postularon, es un ser horrible. Incapaz de sentir el más mínimo amor verdadero hacia el prójimo, imposibilitado de pensar en algo más que en sí mismo. ¿Podrá, entonces, amar a alguien por sobre todas las cosas?

Pecadores, fariseos, gazmoños, pacatos, moralistas, todos cortados con la misma siniestra tijera. La única verdad absoluta en la vida es que algún día moriremos todos y, de entre ellos, algunos privilegiados estarán en condiciones de llegar al sagrado reino. Dudo, a pesar de mis infructuosos y dolidos esfuerzos, ser parte de este selecto grupo. ¿Qué somos sino un puñado de pecadores?

Sin distinción: ricos, pobres, el sabio, el necio, blancos, negros, todos estamos destinados a la muerte de la carne. Generación de víboras.

Mi alma no está tranquila, aunque no soy ni seré jamás un sujeto perverso. Incidentes aislados restan mérito a mi intachable conducta. Fueron las circunstancias, fue haberme alejado de la correcta senda lo que me llevó a cruzar la delgada línea.

¿Quién no ha pecado?

Todos, humildemente y de forma sincera, debemos arrepentirnos de nuestros sucios y funestos actos.

Creo haberme arrepentido lo suficiente en estos quince años, en la privación, en el hacinamiento. En fin, en los días sin rumbo a que me llevó el apagar la respiración de aquélla mujer a la que le ofrecí el resto de mis días, mis sueños y casi el alma. No estaba preparado para enfrentar la plenitud en todo su esplendor y magnificencia.

El padre lee versículos a los que poca atención presto, en un intento de última plegaria por mi salvación. Un amén poco sentido recorre la sala, termino mis divagaciones y preguntas. Lo que preciso aquí y ahora son respuestas.

Doy inicio a las oraciones que el padre me ha recomendado en esas reuniones íntimas que hemos tenido desde hace tanto tiempo. Aparece en frente de mí esbozando un gesto calmo que me transmite gran paz.

Experimento la tranquilidad, el sosiego lóbrego de la certidumbre total. Las tribulaciones se acabarán, al menos momentáneamente.

Cuando el hormigueo eléctrico aumenta su mortal intensidad y siento su recorrido por todo mi cuerpo es cuando en verdad empiezo a creer.

viernes, 29 de enero de 2010

Simpleza

- Ca-Chi-Pún. Piedra rompe tijera
- Pero es a la tercera.
- Ca-Chi-Pún, perdiste de nuevo. Tijera corta papel. Dos Cero.
- Igual no más, te voy a ganar.
- Ca-Chi-Pún.
- Chi-Pún.
- Chi-Pún. Perdiste. Tres Cero. Soy seco, te dije.
- Bueno ya oh’, con esta gamba te comprai un chocolito. Yo quiero un chirimoya alegre.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Regalo

Todavía pensando en cual elegir caminó divagando por el centro de la ciudad. A veces pensaba más de lo necesario y para su infortunio hoy era uno de esos días.

Convivían en su mente varias cosas de manera simultánea y a ello atribuía su tan marcado cansancio, lo que era verdad al menos parcialmente. Las reales causas de su fatiga eran la extensa jornada laboral que había tenido en adición de la caminata que, sin quererlo, tomó mayores dimensiones de las que creyó en un principio.
Aún así continuaba viendo imágenes de potenciales conversaciones, creando panoramas, escribiendo cuentos en su mente, siguiendo alguna melodía y tratando de pulirla, recordando algún nombre… Pensando en ella y castigándose por ser tan despreocupado.
No entendía bien que le sucedía a su respiración, a su cuerpo, y sobre todo no quería darse cuenta de lo que estaba surgiendo en su corazón (músculo que usaba rara vez para fines distintos a la mera supervivencia a través de la irrigación sanguínea).

Comenzó a buscar el ideal, repasándolos todos en su mente. Ninguno lograba convencerlo del todo y aunque intentaba encontrar alguno de los que habían llamado su atención durante su dilatada vida de lectura no daba lugar con el que ameritaba la situación presente.

Aunque no le agradaba la idea de tener que preguntar a los dependientes de los locales, se vio forzado a hacerlo pues las vitrinas presentaban solo ofertas de textos orientados a escolares, quienes pronto entrarían a clases.

- Buenas tardes, ¿Algún libro de Kureishi?
- Perdón, ¿De quién?
- Hanif Kureishi.
- No lo ubico, déjeme ver…¿Cómo se escribe?
- K-U-R-E-I-S-H-I- Deletreo con ostensible nerviosismo.
- No señor, no hay. Parece que nos llegan luego, pero el importador ha tenido problemas.
- ¿Algo de Tabucchi?
- No me suena, ¿Cómo se escribe?
- T-A-B-U-C-C-H-I- Dijo con más soltura.
- ¿Está seguro?
- Totalmente.
- Parece que tampoco. Oiga, pero esos escritores son super desconocidos.
- Bueno, ambos salieron en el diario del Domingo, en un artículo del Textos y Artes.
- ¿En serio?

El calor estaba resultándole molesto y la conversación también, sonrió con amabilidad y haciendo un gesto irónico se despidió.

- Muchas gracias por todo, seguiré buscando.

Nunca le resultó agradable dirigirse a personas que dedicaban su vida a algo y no ponían toda su pasión en ello, para él era de rigor mostrar al menos algo de deferencia con los potenciales clientes además de estar informado respecto al producto a vender.
Recordó a la joven que lo atendió cuando quiso comprar una Parker 45 para su padre y como derramó la tinta sobre sí misma al tratar de demostrarle que podía efectuar el proceso cualquier persona. También ó el día en que consultó en una tienda por un disco de algún concierto de viola, su instrumento favorito y en el que se desempeña de mejor manera. La respuesta fue una pregunta:

-¿De qué país es ese cantante?

En su perspectiva era imprescindible buscar el saber, investigar cada día, aprender idiomas; en fin, dejar que el mundo lo inundase.
A menudo solía obsesionarse, le sucedía con muchas cosas y no era la excepción el que pasara con las mujeres. De hecho, ese era el motivo de que estuviese caminando por un barrio que no visitaba hacía tiempo.
Era difícil para él no enfadarse viendo la poca especialización de los vendedores, su falta de cultura, su habilidad para mentir y el nulo interés en satisfacer al consumidor. Sentía que más que atenderlo lo miraban como un limosnero, un pordiosero desagradable que pedía demasiado.
Pero tenía que encontrar algo, esa gema que despertase su atención. Había leído miles de ellos, pero no encontraba uno que fuese bueno en la medida que ella merecía y que lograra impactarla del mismo modo y con similar efecto que el la fémina le producía. Y es que había que cumplir muchos requisitos, debía ser una historia potente, que hiciera pensar a la vez que la entretuviese, que le demostrase que se interesaba en ella sin ser demasiado comprometedor, que le mostrara la sensibilidad que sabía poseía aunque no se la había podido transmitir. Eso y otras tantas cosas.

Su escasa habilidad con las palabras le llevaba a pensar que con un libro podría expresar ideas que no sabía como traspasarle. La conocía hace poco, pero la mujer le causaba asombro en cada instante.

Caló hondo el cigarrillo, éste le respondió con su última fiel y grandiosa humareda antes de quemarse por completo. Sintió el relajo en su cuerpo, pero no cedería ante el sueño y se lo decía a sí mismo como una orden.
Había ya preguntado en unos treinta locales, había recorrido más de cincuenta cuadras y ojeado (y hojeado) unos doscientos libros. Algunos mal tratados, otros de ediciones muy malas, muchos demasiado caros, unos pocos interesantes, ninguno digno de estar en manos tan delicadas y bellas como las de aquella mujer.
Y al fin lo encontró, era la historia de un joven que es ayudado por una mujer mayor luego de tener un problema en un tren o algo así. No lo recordaba bien, lo había leído lejos de casa y en un idioma ajeno. Se ayudó, entonces, de la contratapa para reconstruir la trama.
Era bueno, eso al menos se decía él. Quizá el adjetivo no era el mejor, más que ser bueno se ajustaba a los estrictos criterios que manejaba en ese momento.

Lo compró sin titubear, lo envolvió y lo depositó en su bolso.

Prendió otro cigarro a un par de cuadras de llegar a su casa. Pensaba en el futuro que veía menos distante, el que tendría inicio el Viernes cuando la viese; quizás, por última vez.

lunes, 13 de julio de 2009

Concierto

Bajo del Metro con alguna dificultad, un poco exaltado ante el enfrentamiento inconsciente que perpetro en contra de la multitud amenazante que opone resistencia a mi salida.
Camino hacia el Teatro, nunca he entrado a éste en particular. Se ve muy avejentado, aunque se reconoce cierta antigua gloria en su construcción, su pompa y elegancia de las líneas. Compartía dicha característica con la mayoría de los asistentes que esperaban en las afueras.
Miro el reloj, faltan aún quince minutos para el inicio de la función. Tomo el tiempo para recorrer el Teatro y conocerlo, por regla general estos templos culturales despiertan en mí una gran curiosidad.
El misterio inherente al lugar me ha hecho ignorar por completo el programa del que seré espectador en escasos minutos, lo busco en mis bolsillos y al fin doy con un papel arrugado en el que se señala con lujo de detalles el currículum de cada miembro del conjunto instrumental, así como las clásicas reseñas biográficas de los compositores y obviamente alguna nota sobre las piezas a interpretar.

Me dirijo a mi asiento. Dada la poca convocatoria que el cuarteto despierta puedo sentarme donde me plazca. Debo tomar en consideración ciertas variables importantísimas que he ido conociendo con la experiencia en este tipo de espectáculos: Primero- Dados mis innumerables miedos y que el espectáculo debe ser apreciado de buena forma para mantener una calidad crítica, no puedo ubicarme en la zona donde se emplaza la luminaria. Me conozco y si me siento bajo ella estaré nervioso durante toda la presentación ante una inminente, poco probable y ridícula posibilidad de que haya un movimiento telúrico.
Segundo- Mis intereses están en las voces bajas del cuarteto, por lo que debo situarme en el sector de mi derecha, a pesar de que no conozco el comportamiento acústico del lugar. De cualquier manera así puedo apreciar de mejor forma la técnica del violista de cerca.
Tercero- Para estar más cómodo y comfortable debo disponer del espacio mínimo necesario que siempre busco, para ello no me sentaré en ningún lugar inmediatamente próximo a ningún ser humano.

Por fin, me siento. Creo que la idea de salir de mi rutina sigue siendo parte de un plan forzado. Aunque compré entradas para un concierto en un Teatro que no conocía y para oír un programa totalmente desconocido sigo pauteando todo y siguiendo mis tradiciones y rituales clásicos, sigo haciendo las cosas a la usanza de siempre.

Estoy pensando en mis miedos y angustias cuando hace su arribo en escena el cuarteto italiano tan esperado. El aplauso sonoro no se hace esperar. Se ubican en sus asientos mientras una voz de ultratumba recuerda a los asistentes apagar sus celulares.
Silencio total en la sala.
Afinar, mirarse a los ojos y se hágase la música…
Mozart, siempre fresco, gracioso y la vez misterioso. La pieza me resulta muy familiar y le tengo mucho cariño ya que yo también la he tocado.
Hermoso diálogo entre ambos violines, el juego de palabras entre frases y la unión a la conversación del cello y la viola. Spiccatos perfectos, que ataques más pulcros. Acordes aterciopelados y cálidos que llenan la atmósfera y me elevan a un mundo exquisito. Interrumpe mi trance algo, una sombra a mi espalda que se ubica en un asiento cercano. Con las luces apagadas en la sala no logro distinguir nada, pero se mueve lentamente y con gran sigilo, su objetivo es obviamenteno hacer ruido.
Intento volver a concentrarme en la música. Ha terminado el tercer movimiento del cuarteto, no falta quien aplaude en esta pausa y aunque es protocolarmente indebido me sumo a los aplausos de manera intencionada.
Violines y viola atacan con gran fuerza el Presto, el cello se une unos compases más allá y se percibe que los interpretes sienten la música de manera profunda, hay mucho fiato entre ellos.
Es fácil transportarse a un Edén mental con una interpretación así, la melodía me rodea y me absorbe, se queda con mi alma. Siento que alguien toca mi cuello, doy vuelta para mirar, pero me encuentro con la silueta de alguien que parece profundamente conectada con la música. Vuelvo a mí postura original con cierto pudor, pues pude haber distraído a la persona a la que, de partida, miré con cara de exigencia de explicaciones.

La siguiente pieza es una composición de un músico italiano promesa en Europa, quien en lo personal me resulta desconocido. El adagio, escueto título que recibe en el programa, despierta mi atención. La voz principal es llevada por la viola, y el violín primero. A diferencia de las piezas que he oído hay una disociación de los componentes musicales, la que parece casual. Se puede notar tanto en lo rítmico como en lo armónico, a pesar de ello la combinación es muy bella, de gran dinamismo.

Nuevamente siento algún raro contacto a mis espaldas, doy la vuelta y me encuentro con que la persona que se ubicaba a la izquierda tras de mí ya ni siquiera está. Cuando vuelvo a ponerme de frente al cuarteto me doy cuenta de que tengo a alguien a mi derecha. Tiene algo como una esquela en su mano, toma la mía y la pone en ella.

No entiendo nada, se pone de pie y se retira. Cuando vuelvo en mí, escucho a los demás espectadores aplaudir y la voz de ultratumba señalar que habrá un receso de quince minutos. Se encienden las luces, estoy con una nota en mi mano de alguien a quien no conozco. Prefiero quedarme en mi asiento sin permitirme leer el papel. ¿Qué tal si se trata de alguna broma? Yo no caeré tan fácil, además si es algo importante la persona volverá. Ni siquiera ví su cara en la oscuridad.
Además tengo la costumbre de una vez empezado un libro siempre terminarlo, una vez vistas las primeras escenas de una película verla por completo, lo mismo cabe para un concierto y por ello no leeré nada que pueda hacerme tener que elegir entre permanecer sentado allí o salir de mi cómodo lugar.
No, no lo haré. Nada, nada en el mundo me hará romper mi costumbre. Tampoco suelo tomar decisiones en base a lo que dicen los demás, de no estar en mi agenda no se hace, para que no haya interferencias, para saber cuanto debo demorar en realizar una tarea, para disminuir los tiempos a invertir en llegar a casa u otros lugares.

Comienza la segunda parte del concierto. La trágica melodía interpretada por el cello me recuerda ciertas cosas, ¿Realmente elegí mi soltería?, ¿No será que la falta de contacto con otras personas me ha llevado a ser tan drástico con los horarios?, ¿Estaré demasiado encerrado en mí mismo?
Busco algún halo de luz, no he logrado impregnarme de la música. Trato de leer el papel en la oscuridad para por fin salir de dudas, quizá no es nada trascendente, pero quiero saberlo ahora.
Estoy en eso cuando una mano se posa en mi rostro, es ella, ha vuelto. Su perfume es exquisito, su piel es suave como una nube de algodón.
No sé que cara pongo, pero me responde con una sonrisa. Lo siento Señor Odone, Sodone, o como quiera que en el programa diga, su cuarteto no me place en este momento, tampoco su manejo de la Fuga.

Su cuarteto puedo escucharlo cuando quiera, salirme de planes pocas veces en la vida.

lunes, 15 de junio de 2009

Joka

Nuevamente en una plaza, me haces pensar. Demasiadas preguntas para alguien que ha viajado mucho, que ha tomado un par de cervezas (que aunque las haya acompañado de las papas fritas más ricas del Universo enmarañan las palabras) y que, además tiene mucho frío.
Conversamos otro rato más, pero el aire helado y el sueño vencen.

En mi viaje a casa de amigos repaso algunas cosas…y me acuerdo de otras.

Ese Cumpleaños al que llegué por compromiso y casi obligado por un compañero de curso insistente y eterna yunta en eventos de ese tipo. Si ese, el mismo que al otro día asistió a la prueba a la que yo no.

El número de teléfono que me diste, incrédula de que al otro día efectivamente te llamaría.

Tú capacidad olfativa impresionante, el aroma que más te gusta: Sal y Pimienta.

Esa conversación de la vida que tuvimos en pleno campo, rodeados de rumiantes y del líder de su grupo. Ni siquiera un toro hizo que paráramos de conversar.

El río al que nunca llegamos, culpable de que embarrados y frustrados tuviéramos que devolvernos.

La revista que motivó que empezara a coleccionar los mejores discos de la Historia de la música anglo.

Las visitas no programadas al mismo local de comida rápida para pedir la fajita de turno con alguna otra cosa.

El saldo que se acaba cuando la conversación recién comienza y que finalmente termina durando unos treinta minutos en promedio.

Tu cuello, siempre adornado por algún pañuelo.

Algún comentario verbal desafortunado del que aún me siento culpable.

Los mercados persa.

Las acuarelas mal terminadas.

Que al fin y al cabo todo en la vida es un papel.

El lunar aquel que trato de apropiarme, como si tocándolo con la punta de mi dedo cambiase de portador.

La película francesa esa, de la cárcel y la nieve que había en ella.

De la estafa que sentimos cuando terminó (aunque era gratis).

Ciertas cosas que me conversaste relacionadas con greda.

Los ángeles con los que he soñado en más de una ocasión, de su piel tersa y suave.

El largo de su pelo y su aroma exquisito.

Los misterios que guardan algunas mujeres bajo su ropa.

La bicicleta antigua que guardo en mi patio ¿Retrocleta? Algo así, si esa que tiene el mecanismo para doblarla y que ocupe menos espacio.

Mi perro Jimmy (para más de alguien Johnny, que igual es con J).

Que alguien me convenció de que la cifra perfecta es cuatro hijos y no tres como yo pensaba.

Un viaje todavía pendiente en el que vamos a ir de pesca todos los días.

Una cadena de pizzerías de colores rojo y blanco.

Un bolso que te gusta cargar.

El colchón del que casi me caigo por dejarle más espacio útil a alguien.

La canción que está en mi Blog.

Que soy el único que dice Joka.

Las veredas que hemos desgastado a fuerza de caminar sobre ellas.

Que no importa el problema, que importa la solución…bonita canción en definitiva.

La reacción que pensaste iba yo a tener ante la noticia de que no ibas a seguir estudiando.

Que te gusta sentir las texturas igual que a mí.

Las conversaciones en los terminales.

La luz que fluye.

Una micro donde no la pasaste precisamente bien.

Que nunca visitas Stgo. (Casi nunca, los siempre y los nunca no existen).

De que debo llamarte cuando llegue.

Que no tengo que buscar la perfección en todo lo que hago, por eso registro las palabras tal cual llegan, por que me dan felicidad a medida que pasan espontáneamente por mi mente.
Ningún poema ni libro alguno podrán tener el mismo valor para mí que estas desordenadas líneas, amiga mía.