lunes, 9 de noviembre de 2009

Regalo

Todavía pensando en cual elegir caminó divagando por el centro de la ciudad. A veces pensaba más de lo necesario y para su infortunio hoy era uno de esos días.

Convivían en su mente varias cosas de manera simultánea y a ello atribuía su tan marcado cansancio, lo que era verdad al menos parcialmente. Las reales causas de su fatiga eran la extensa jornada laboral que había tenido en adición de la caminata que, sin quererlo, tomó mayores dimensiones de las que creyó en un principio.
Aún así continuaba viendo imágenes de potenciales conversaciones, creando panoramas, escribiendo cuentos en su mente, siguiendo alguna melodía y tratando de pulirla, recordando algún nombre… Pensando en ella y castigándose por ser tan despreocupado.
No entendía bien que le sucedía a su respiración, a su cuerpo, y sobre todo no quería darse cuenta de lo que estaba surgiendo en su corazón (músculo que usaba rara vez para fines distintos a la mera supervivencia a través de la irrigación sanguínea).

Comenzó a buscar el ideal, repasándolos todos en su mente. Ninguno lograba convencerlo del todo y aunque intentaba encontrar alguno de los que habían llamado su atención durante su dilatada vida de lectura no daba lugar con el que ameritaba la situación presente.

Aunque no le agradaba la idea de tener que preguntar a los dependientes de los locales, se vio forzado a hacerlo pues las vitrinas presentaban solo ofertas de textos orientados a escolares, quienes pronto entrarían a clases.

- Buenas tardes, ¿Algún libro de Kureishi?
- Perdón, ¿De quién?
- Hanif Kureishi.
- No lo ubico, déjeme ver…¿Cómo se escribe?
- K-U-R-E-I-S-H-I- Deletreo con ostensible nerviosismo.
- No señor, no hay. Parece que nos llegan luego, pero el importador ha tenido problemas.
- ¿Algo de Tabucchi?
- No me suena, ¿Cómo se escribe?
- T-A-B-U-C-C-H-I- Dijo con más soltura.
- ¿Está seguro?
- Totalmente.
- Parece que tampoco. Oiga, pero esos escritores son super desconocidos.
- Bueno, ambos salieron en el diario del Domingo, en un artículo del Textos y Artes.
- ¿En serio?

El calor estaba resultándole molesto y la conversación también, sonrió con amabilidad y haciendo un gesto irónico se despidió.

- Muchas gracias por todo, seguiré buscando.

Nunca le resultó agradable dirigirse a personas que dedicaban su vida a algo y no ponían toda su pasión en ello, para él era de rigor mostrar al menos algo de deferencia con los potenciales clientes además de estar informado respecto al producto a vender.
Recordó a la joven que lo atendió cuando quiso comprar una Parker 45 para su padre y como derramó la tinta sobre sí misma al tratar de demostrarle que podía efectuar el proceso cualquier persona. También ó el día en que consultó en una tienda por un disco de algún concierto de viola, su instrumento favorito y en el que se desempeña de mejor manera. La respuesta fue una pregunta:

-¿De qué país es ese cantante?

En su perspectiva era imprescindible buscar el saber, investigar cada día, aprender idiomas; en fin, dejar que el mundo lo inundase.
A menudo solía obsesionarse, le sucedía con muchas cosas y no era la excepción el que pasara con las mujeres. De hecho, ese era el motivo de que estuviese caminando por un barrio que no visitaba hacía tiempo.
Era difícil para él no enfadarse viendo la poca especialización de los vendedores, su falta de cultura, su habilidad para mentir y el nulo interés en satisfacer al consumidor. Sentía que más que atenderlo lo miraban como un limosnero, un pordiosero desagradable que pedía demasiado.
Pero tenía que encontrar algo, esa gema que despertase su atención. Había leído miles de ellos, pero no encontraba uno que fuese bueno en la medida que ella merecía y que lograra impactarla del mismo modo y con similar efecto que el la fémina le producía. Y es que había que cumplir muchos requisitos, debía ser una historia potente, que hiciera pensar a la vez que la entretuviese, que le demostrase que se interesaba en ella sin ser demasiado comprometedor, que le mostrara la sensibilidad que sabía poseía aunque no se la había podido transmitir. Eso y otras tantas cosas.

Su escasa habilidad con las palabras le llevaba a pensar que con un libro podría expresar ideas que no sabía como traspasarle. La conocía hace poco, pero la mujer le causaba asombro en cada instante.

Caló hondo el cigarrillo, éste le respondió con su última fiel y grandiosa humareda antes de quemarse por completo. Sintió el relajo en su cuerpo, pero no cedería ante el sueño y se lo decía a sí mismo como una orden.
Había ya preguntado en unos treinta locales, había recorrido más de cincuenta cuadras y ojeado (y hojeado) unos doscientos libros. Algunos mal tratados, otros de ediciones muy malas, muchos demasiado caros, unos pocos interesantes, ninguno digno de estar en manos tan delicadas y bellas como las de aquella mujer.
Y al fin lo encontró, era la historia de un joven que es ayudado por una mujer mayor luego de tener un problema en un tren o algo así. No lo recordaba bien, lo había leído lejos de casa y en un idioma ajeno. Se ayudó, entonces, de la contratapa para reconstruir la trama.
Era bueno, eso al menos se decía él. Quizá el adjetivo no era el mejor, más que ser bueno se ajustaba a los estrictos criterios que manejaba en ese momento.

Lo compró sin titubear, lo envolvió y lo depositó en su bolso.

Prendió otro cigarro a un par de cuadras de llegar a su casa. Pensaba en el futuro que veía menos distante, el que tendría inicio el Viernes cuando la viese; quizás, por última vez.

lunes, 13 de julio de 2009

Concierto

Bajo del Metro con alguna dificultad, un poco exaltado ante el enfrentamiento inconsciente que perpetro en contra de la multitud amenazante que opone resistencia a mi salida.
Camino hacia el Teatro, nunca he entrado a éste en particular. Se ve muy avejentado, aunque se reconoce cierta antigua gloria en su construcción, su pompa y elegancia de las líneas. Compartía dicha característica con la mayoría de los asistentes que esperaban en las afueras.
Miro el reloj, faltan aún quince minutos para el inicio de la función. Tomo el tiempo para recorrer el Teatro y conocerlo, por regla general estos templos culturales despiertan en mí una gran curiosidad.
El misterio inherente al lugar me ha hecho ignorar por completo el programa del que seré espectador en escasos minutos, lo busco en mis bolsillos y al fin doy con un papel arrugado en el que se señala con lujo de detalles el currículum de cada miembro del conjunto instrumental, así como las clásicas reseñas biográficas de los compositores y obviamente alguna nota sobre las piezas a interpretar.

Me dirijo a mi asiento. Dada la poca convocatoria que el cuarteto despierta puedo sentarme donde me plazca. Debo tomar en consideración ciertas variables importantísimas que he ido conociendo con la experiencia en este tipo de espectáculos: Primero- Dados mis innumerables miedos y que el espectáculo debe ser apreciado de buena forma para mantener una calidad crítica, no puedo ubicarme en la zona donde se emplaza la luminaria. Me conozco y si me siento bajo ella estaré nervioso durante toda la presentación ante una inminente, poco probable y ridícula posibilidad de que haya un movimiento telúrico.
Segundo- Mis intereses están en las voces bajas del cuarteto, por lo que debo situarme en el sector de mi derecha, a pesar de que no conozco el comportamiento acústico del lugar. De cualquier manera así puedo apreciar de mejor forma la técnica del violista de cerca.
Tercero- Para estar más cómodo y comfortable debo disponer del espacio mínimo necesario que siempre busco, para ello no me sentaré en ningún lugar inmediatamente próximo a ningún ser humano.

Por fin, me siento. Creo que la idea de salir de mi rutina sigue siendo parte de un plan forzado. Aunque compré entradas para un concierto en un Teatro que no conocía y para oír un programa totalmente desconocido sigo pauteando todo y siguiendo mis tradiciones y rituales clásicos, sigo haciendo las cosas a la usanza de siempre.

Estoy pensando en mis miedos y angustias cuando hace su arribo en escena el cuarteto italiano tan esperado. El aplauso sonoro no se hace esperar. Se ubican en sus asientos mientras una voz de ultratumba recuerda a los asistentes apagar sus celulares.
Silencio total en la sala.
Afinar, mirarse a los ojos y se hágase la música…
Mozart, siempre fresco, gracioso y la vez misterioso. La pieza me resulta muy familiar y le tengo mucho cariño ya que yo también la he tocado.
Hermoso diálogo entre ambos violines, el juego de palabras entre frases y la unión a la conversación del cello y la viola. Spiccatos perfectos, que ataques más pulcros. Acordes aterciopelados y cálidos que llenan la atmósfera y me elevan a un mundo exquisito. Interrumpe mi trance algo, una sombra a mi espalda que se ubica en un asiento cercano. Con las luces apagadas en la sala no logro distinguir nada, pero se mueve lentamente y con gran sigilo, su objetivo es obviamenteno hacer ruido.
Intento volver a concentrarme en la música. Ha terminado el tercer movimiento del cuarteto, no falta quien aplaude en esta pausa y aunque es protocolarmente indebido me sumo a los aplausos de manera intencionada.
Violines y viola atacan con gran fuerza el Presto, el cello se une unos compases más allá y se percibe que los interpretes sienten la música de manera profunda, hay mucho fiato entre ellos.
Es fácil transportarse a un Edén mental con una interpretación así, la melodía me rodea y me absorbe, se queda con mi alma. Siento que alguien toca mi cuello, doy vuelta para mirar, pero me encuentro con la silueta de alguien que parece profundamente conectada con la música. Vuelvo a mí postura original con cierto pudor, pues pude haber distraído a la persona a la que, de partida, miré con cara de exigencia de explicaciones.

La siguiente pieza es una composición de un músico italiano promesa en Europa, quien en lo personal me resulta desconocido. El adagio, escueto título que recibe en el programa, despierta mi atención. La voz principal es llevada por la viola, y el violín primero. A diferencia de las piezas que he oído hay una disociación de los componentes musicales, la que parece casual. Se puede notar tanto en lo rítmico como en lo armónico, a pesar de ello la combinación es muy bella, de gran dinamismo.

Nuevamente siento algún raro contacto a mis espaldas, doy la vuelta y me encuentro con que la persona que se ubicaba a la izquierda tras de mí ya ni siquiera está. Cuando vuelvo a ponerme de frente al cuarteto me doy cuenta de que tengo a alguien a mi derecha. Tiene algo como una esquela en su mano, toma la mía y la pone en ella.

No entiendo nada, se pone de pie y se retira. Cuando vuelvo en mí, escucho a los demás espectadores aplaudir y la voz de ultratumba señalar que habrá un receso de quince minutos. Se encienden las luces, estoy con una nota en mi mano de alguien a quien no conozco. Prefiero quedarme en mi asiento sin permitirme leer el papel. ¿Qué tal si se trata de alguna broma? Yo no caeré tan fácil, además si es algo importante la persona volverá. Ni siquiera ví su cara en la oscuridad.
Además tengo la costumbre de una vez empezado un libro siempre terminarlo, una vez vistas las primeras escenas de una película verla por completo, lo mismo cabe para un concierto y por ello no leeré nada que pueda hacerme tener que elegir entre permanecer sentado allí o salir de mi cómodo lugar.
No, no lo haré. Nada, nada en el mundo me hará romper mi costumbre. Tampoco suelo tomar decisiones en base a lo que dicen los demás, de no estar en mi agenda no se hace, para que no haya interferencias, para saber cuanto debo demorar en realizar una tarea, para disminuir los tiempos a invertir en llegar a casa u otros lugares.

Comienza la segunda parte del concierto. La trágica melodía interpretada por el cello me recuerda ciertas cosas, ¿Realmente elegí mi soltería?, ¿No será que la falta de contacto con otras personas me ha llevado a ser tan drástico con los horarios?, ¿Estaré demasiado encerrado en mí mismo?
Busco algún halo de luz, no he logrado impregnarme de la música. Trato de leer el papel en la oscuridad para por fin salir de dudas, quizá no es nada trascendente, pero quiero saberlo ahora.
Estoy en eso cuando una mano se posa en mi rostro, es ella, ha vuelto. Su perfume es exquisito, su piel es suave como una nube de algodón.
No sé que cara pongo, pero me responde con una sonrisa. Lo siento Señor Odone, Sodone, o como quiera que en el programa diga, su cuarteto no me place en este momento, tampoco su manejo de la Fuga.

Su cuarteto puedo escucharlo cuando quiera, salirme de planes pocas veces en la vida.

lunes, 15 de junio de 2009

Joka

Nuevamente en una plaza, me haces pensar. Demasiadas preguntas para alguien que ha viajado mucho, que ha tomado un par de cervezas (que aunque las haya acompañado de las papas fritas más ricas del Universo enmarañan las palabras) y que, además tiene mucho frío.
Conversamos otro rato más, pero el aire helado y el sueño vencen.

En mi viaje a casa de amigos repaso algunas cosas…y me acuerdo de otras.

Ese Cumpleaños al que llegué por compromiso y casi obligado por un compañero de curso insistente y eterna yunta en eventos de ese tipo. Si ese, el mismo que al otro día asistió a la prueba a la que yo no.

El número de teléfono que me diste, incrédula de que al otro día efectivamente te llamaría.

Tú capacidad olfativa impresionante, el aroma que más te gusta: Sal y Pimienta.

Esa conversación de la vida que tuvimos en pleno campo, rodeados de rumiantes y del líder de su grupo. Ni siquiera un toro hizo que paráramos de conversar.

El río al que nunca llegamos, culpable de que embarrados y frustrados tuviéramos que devolvernos.

La revista que motivó que empezara a coleccionar los mejores discos de la Historia de la música anglo.

Las visitas no programadas al mismo local de comida rápida para pedir la fajita de turno con alguna otra cosa.

El saldo que se acaba cuando la conversación recién comienza y que finalmente termina durando unos treinta minutos en promedio.

Tu cuello, siempre adornado por algún pañuelo.

Algún comentario verbal desafortunado del que aún me siento culpable.

Los mercados persa.

Las acuarelas mal terminadas.

Que al fin y al cabo todo en la vida es un papel.

El lunar aquel que trato de apropiarme, como si tocándolo con la punta de mi dedo cambiase de portador.

La película francesa esa, de la cárcel y la nieve que había en ella.

De la estafa que sentimos cuando terminó (aunque era gratis).

Ciertas cosas que me conversaste relacionadas con greda.

Los ángeles con los que he soñado en más de una ocasión, de su piel tersa y suave.

El largo de su pelo y su aroma exquisito.

Los misterios que guardan algunas mujeres bajo su ropa.

La bicicleta antigua que guardo en mi patio ¿Retrocleta? Algo así, si esa que tiene el mecanismo para doblarla y que ocupe menos espacio.

Mi perro Jimmy (para más de alguien Johnny, que igual es con J).

Que alguien me convenció de que la cifra perfecta es cuatro hijos y no tres como yo pensaba.

Un viaje todavía pendiente en el que vamos a ir de pesca todos los días.

Una cadena de pizzerías de colores rojo y blanco.

Un bolso que te gusta cargar.

El colchón del que casi me caigo por dejarle más espacio útil a alguien.

La canción que está en mi Blog.

Que soy el único que dice Joka.

Las veredas que hemos desgastado a fuerza de caminar sobre ellas.

Que no importa el problema, que importa la solución…bonita canción en definitiva.

La reacción que pensaste iba yo a tener ante la noticia de que no ibas a seguir estudiando.

Que te gusta sentir las texturas igual que a mí.

Las conversaciones en los terminales.

La luz que fluye.

Una micro donde no la pasaste precisamente bien.

Que nunca visitas Stgo. (Casi nunca, los siempre y los nunca no existen).

De que debo llamarte cuando llegue.

Que no tengo que buscar la perfección en todo lo que hago, por eso registro las palabras tal cual llegan, por que me dan felicidad a medida que pasan espontáneamente por mi mente.
Ningún poema ni libro alguno podrán tener el mismo valor para mí que estas desordenadas líneas, amiga mía.

jueves, 28 de mayo de 2009

Banda


Son ya pasadas las diez de la noche y nadie llega, tengo un par de ampollas en mis manos.

Unos seis o siete años de conocernos, de recorrer el mundo buscando y buscándonos. Haciendo sin cansancio aquello que nos gustaba hacer y que, además, era lo único que sabíamos hacer. Primero fue una jugarreta juvenil, nos juntábamos para pasar el rato. Tocábamos viejos temas de nuestros héroes musicales, los que hicieron Historia por los cincuenta o sesenta. La juventud, tesoro divino, nos permitía dejarnos llevar por horizontes de exploración desconocidos y tan apreciados en otros tiempos.

Luego se vinieron los clubes, pubs y similares. Montar un espectáculo de seis o siete horas durante la noche por un precio hoy irrisorio, pero que no permitía saciar nuestras necesidades de techo, abrigo y pos supuesto cerveza.
Ese nivel de intensidad te hace entender tu instrumento casi a la perfección, lo transforma en una prolongación de tu brazo. Digamos que en parte de ti.

Más tarde alguien nos vio allí, en esos escenarios mal iluminados y entre la bruma de cigarrillo. Comenzamos a viajar. Primero a países cercanos a nuestro terruño, siempre en una camioneta roja, según recuerdo, propiedad de un amigo del colegio. Nos llevaba por poco dinero, de hecho su tarifa era la gasolina más un par de cajetillas de cigarros al día. Nos parecía bien, pues una de ellas terminábamos fumándola nosotros.

¡Preciosos días que no volverán!

Se vino el primer disco, no sin esfuerzo. Tuvimos que armarlo en casi medio día, contando la hora de almuerzo. Ha sido el chacarero más sabroso que he comido en mi vida, sin duda.
Fue un buen trabajo, hoy lo veo con cariño aún cuando musicalmente nos faltaba mucho rodaje.

Para el segundo ya estábamos más maduros, nuestro sonido ya tenía un sello propio. Como compositores también éramos más maduros. Participamos en la parte gráfica del disco. Personalmente aprendí mucho de producción y del estudio en ese entonces.

Luego se vinieron los viajes por todo el mundo, en primera clase. La gente se apostaba de a montones a esperarnos en los aeropuertos. Comenzaron lo gritos, las fotos, el gentío, las entrevistas. Me asustaba, ya no podía salir de casa sin ser abordado.

Seguíamos grabando y avanzando, para ese entonces decidimos entrar en un territorio que nos daba gran curiosidad: el cine. No lo hicimos como para un Oscar, pero para no haber estudiado ni teatro ni nada similar estuvo bastante bien. Lo disfruté bastante.

Los viajes continuaban, la exploración sonora se ampliaba más rápido que el avance de la tecnología. Teníamos que urdir distintas invenciones con lo que había a mano para poder concretar los sonidos que fluían por nuestras mentes.

Precisamente ellas fueron las que recibieron principal estimulación desde ese minuto, no nos permitíamos límites. Éramos jóvenes, sin grandes responsabilidades más que cuidar de nosotros mismos. Claro, además eran otros tiempos, se podía conseguir más fácil todas esas cochinadas.
Ya estábamos consagrados y difícilmente alguien nos diría que no. Más bien todos necesitaban un pedazo de nosotros, tratar de poseernos de algún modo. Nos veían como Mesías, salvadores de sus vidas, creo que le dábamos sentido a sus existencias.

Ya era imposible convivir con los fanáticos, cada vez mayores en número y en audacia. Decidimos terminar con los viajes, en vez de eso nos comenzamos a esmerar en hacer placas pulidas. La orquestación y el cambio de formato no habían sido problema, contábamos con apoyo de músicos profesionales a nuestra disposición, lo que nos dejaba libertad para imaginar nuevas canciones, sonidos auténticos e intentar cosas nuevas.

En ese período fue que nació lo que muchos consideran nuestra obra maestra. Demoramos algo así como 8 meses en terminarlo, en quedar contentos con el. Debí esperar mucho para participar, las percusiones se añadían al final. La crítica nos alabó durante las semanas siguientes. Recibimos cantidad de felicitaciones y celebramos por días y días.

Todo rosa hasta allí…

Las complicaciones se vinieron al año siguiente. Cada cual tenía su pareja, algunos familia, no era posible salir de vacaciones los cuatro juntos. Al parecer habíamos crecido en distintas direcciones, nuestras influencias eran distintas y eso se tradujo en distintas formas de ver y sentir la vida.

Cuando empezamos a hacer el proyecto doble el ambiente era frío, áspero. Todos nos sentíamos alejados del resto, inseguros, desconfiados. Se podría decir que no éramos amigos como antes, sino un puñado de músicos que compartía un lugar físico.

La crítica no nos acompañaba y dejamos de ser los regalones de la gente, tampoco ostentábamos la calidad de solteros codiciados desde que uno de nosotros tuvo la desdichada idea de posar para una famosa revista con su señora del brazo.

En lo musical la desorganización nos inundaba, los álbumes eran erráticos y desorganizados. El concepto ostensiblemente forzado, sin línea base, ansioso. Cada sesión era peor, quizá se podrían rescatar un par de días al mes en los que las cosas fluían naturalmente, cuando había algún tema motivante dejábamos las discusiones de lado y la máquina imparable comenzaba a moverse de nuevo. Lástima que el combustible se consumiera tan rápido.

Luego empezaron las ausencias sin aviso, a veces trabajábamos tres, otros días inclusive dos. Era imposible lograr algo así, para cuando estábamos los cuatro reunidos había detalles enormes, trozos que había que reescribir por completo. Horas de ejecución y práctica dilapidadas.

Ya no era divertido llegar a tocar, y por las cosas más pequeñas se formaban las más grandes tragedias. Estábamos todos contra todos, siendo que lo únicos con los que realmente contábamos éramos nosotros mismos.
Luego uno anunció su separación definitiva del proyecto. Alguien del equipo le llamó e hizo volver, recuerdo que cambié la organización de las cosas en el estudio, puse algunas flores y mensajes positivos para él.

Luego otro. Y finalmente Diego, fue quien tomó la decisión sin consultarnos y lo anunció a la prensa el Viernes recién pasado. Siendo hoy Lunes guardé falsas esperanzas de que alguno volviera, pero al parecer no será así. Las guitarras, el bajo y los teclados están muertos. Creo que no volveré mañana, la batería está un poco dañada y necesita reparación al igual que nosotros.

sábado, 23 de mayo de 2009

El misterioso secreto que lo transformó en un escritor de peso

Parece un título largo, pero así era él. Redundante, detallista hasta el hastío. Poco pulcro al narrar, sin atractivo alguno. En fin, aburridor como el sólo. Eso sí, antes de que todo pasara…

Como su amigo y colega más cercano creo haber sido el primero en escuchar su historia, en como había cambiado por completo su perspectiva de las cosas después de aquella conversación. Procedo a narrarles los hechos de la manera más fidedigna que la memoria permite, dado lo especial de la ocasión.

Guillermo había publicado por fin su tercer libro. Ahora lo había hecho en una editorial comercial muy conocida, lo que le tenía muy feliz. Abiertamente y sin discreción nos dijo a todos sus amigos escritores que necesitaba un empujoncito para tocar la fama, el estrellato, que por ese tiempo para él no consistía más que en aparecer en una que otra revista siendo entrevistado, firmar unos cuantos ejemplares y con fortuna tener algún tipo de relación fogosa con cualquier mujer pseudo-artista. No sabíamos si tenía el mérito, pero si teníamos claro que no era una estrella en especial brillante.

Se había esforzado mucho y para ser franco no había logrado un buen resultado. Éramos muy jóvenes, vehementes y poco maduros como para aceptar por ese entonces cualquier tipo de crítica y eso fue precisamente lo que Guillermo recibió.

Sin quererlo Bianca…¿Se acuerdan de ella verdad? La chica de ojos eternamente tristes y pequeña, sumamente pequeña. Bueno, ella se transformó en quien acelerase el proceso de lanzar a la fama a Guillermo.

Habían tenido una noche algo bohemia en casa de ella, él sin medir consecuencias le dijo que sería bueno para su tío recibir una copia de su nueva creación. Bianca, inocente y con total naturalidad aceptó y fueron a casa de Guillermo en busca de una de las muchas que tenía en bodega, hasta ese minuto se habían vendido solamente unas 100 copias, casi todas a parientes. Lo que Guillermo no sabía era que aquel tío al que Bianca se había referido como uno al que le gustaba mucho la lectura era nada más y nada menos que Vieuxtemps, el de la columna en el diario que todos conocemos. Ese que dicen que hizo matarse a unos cuantos.

Pasaron unas dos semanas y Guillermo escuchó sonar el timbre de su casa, aún sin pasar la borrachera de la anterior juerga fue a atender. Allí estábamos Bianca, Miguel y yo. Ella nos había llamado pues no sabía como decirle, como suavizar las cosas. Sin haber leído la crítica le entregué el diario en la página precisa. Leyó de arriba abajo el cuarto de página que estaba relleno con resumen, foto del autor y portada de la obra y una severa crítica que lo destrozaba por completo.

Se vinieron las explicaciones, las especulaciones, las disculpas, las ofensas, los gritos y todo el ritual que practicábamos por rutina en ese entonces, cuando no sabíamos quienes éramos. Esta vez concluyó con Bianca llorando a mares después de haberle dado la dirección de Vieuxtemps a Guillermo. Miguel intentaba consolar a Bianca, manifestando que si la crítica era tan lapidaria era porque probablemente el trabajo era así de malo. Probablemente así haya sido, pero éramos muy necios para asumirlo en ese momento.

Decidí seguir a Guillermo.

Cuando llegó a casa de Vieuxtemps este le recibió sin darle gran atención, Guillermo con gran ímpetu le mostraba el diario y le apuntaba en gesto desafiante.

No podía perderme el episodio y me trepé por las plantas del patio del viejo, cayendo de golpe en el pasto. Guillermo no se había dado cuenta de que lo venía siguiendo, ni el viejo de que había entrado por la mala a su casa.

- Así que Ud. es el famoso amigote de mi sobrina Bianca…

- Señor mío, ya le dije que sí.

- Un joven petulante, pero con energía. Eso es bueno hijo.

El viejo estaba haciendo un trago, pero al parecer no sabía por donde empezar. No miraba en ningún momento a Guillermo, estaba extraviado buscando algún detalle en un cuadro colgado en la pared.

- He venido para que me dé alguna explicación sobre sus dichos en la columna que ha sido publicada hoy. ¿Quién le ha dado a Ud. derecho para tratarme así?, ¿Cómo puede Ud. catalogar a alguien de bueno o malo en la literatura? Es un Ud. un viejo abominable, un canalla, me gustaría mucho romperle la cara ahora mismo. Pero voy a darle la oportunidad de pedir disculpas.

El viejo pareció especialmente irritado al escuchar la palabra disculpa.

- ¿Ves esa puerta al final de la habitación?

- Sí – Respondió Guillermo- ¿Qué tiene que ver?

- Ábrela, pedazo de bestia. – Vieuxtemps le extendió una llave.

Yo sólo oí un crujido desde la ventana donde estaba espiando.

- Cada uno de ellos dice miles de cosas, miles de ideas se expresan en cada uno de ellos y otras tantas las inventamos cuando entramos en contacto con ellos. Todos han sido creados en un lugar específico, con métodos de trabajo particulares, en situaciones históricas distintas. No es el producto en sí lo valioso, es el proceso que lo concibe lo que importa. Si el proceso es bueno el producto indefectiblemente lo será.

- No me dé una charla tramposa caballero, no estoy aquí para que me trate como a un cabro chico y me meta el dedo en la boca con filosofía barata.

- ¿Cuántos libros has leído en tu vida? 100, 200, 1000…Entre más se lee menos se aprende, después de un punto en la vida los libros son releer y tratar de recordar el pasado más que absorber algo nuevo, no es lo importante el contenido, sino como este está tratado. Cada libro nuevo además de crear una nueva manera de ver el futuro y el presente también modifica la interpretación y la visión de cada hoja escrita en el pasado. Hay un antes y un después. ¿Nunca te has dicho a ti mismo “Cómo a nadie se le ocurrió esto antes”?

- Bueno…si.- Guillermo se había calmado ya. El viejo Vieuxtemps seguí hablando y bebiendo. Pero ahora parecía no tener interlocutor, lanzaba preguntas pero las respuestas no parecían importarle demasiado.

- Cada libro es…una joya por sí misma cuando está escrito con el corazón. Muchos de ellos han sido concebidos sin un propósito establecido de antemano, sino sólo con la intención de gozar escribiendo. Algunos están en nuestra cultura mucho antes que nosotros y seguirán allí mucho después de que nuestros nietos se hayan extinguido. ¿Quién los puede superar? El sentimiento, la energía no las vencerá nadie, nunca.

Vieuxtemps había sido uno de los escritores más apreciados en el mundo entero, sus obras habían recibido los más altos galardones y producían en mí un gran gozo, una esperanza en un ideal. Guillermo nunca había leído nada de él, ni siquiera sabía que el viejo había hecho tanto antes de empezar a escribir esa columna en el diario. Pero para mí las palabras de Vieuxtemps eran un tesoro.

- Cuando hay energía en un argumento, en una trama esta se transmite al que lee. No hay fallas. He leído últimamente algunas cosas donde los errores son evidentes y se suceden uno tras otro. Las localizaciones, la personalidad de los protagonistas, hasta las fechas y horas no calzan con las que propone el escritor en primera instancia. Copias sosas de clásicos, adaptados para el idioma que el vulgo entiende y después son rotuladas de best- sellers, ¡Basura!

Sentí una emoción invadiéndome y al mismo tiempo una mano en mi hombro. Alguno de los vecinos había llamado a la policía. Me sacaron por entre un espacio que había en el portón. Me registraron mientras una Señora bastante fea atizaba las dudas de los oficiales ante mi negativa a responder cualquier interrogativa.

No sabían quien era aquel hombre que no tomaba en cuenta los llamados a su puerta. Ignoraban por completo que ese genio estaría en ese momento develando grandes secretos a Guillermo.

Decidí entonces que era momento de alejar a los oficiales de allí. Si alguien había tenido el privilegio de encontrar a Vieuxtemps, de ser recibido por él (Bianca había intentado que yo tuviese alguna cita con él, luego de siete intentos fallidos con severas lesiones para mí desistimos de la idea) debía de aprovechar al máximo la oportunidad. El destino había querido que fuese Guillermo y no otro, el privilegiado.

Lancé una patada con todas mis fuerzas a la patrulla, escupí a uno de los oficiales y grité un par de consignas políticas del lado erróneo para hacerles saber que era una amenaza al actual gobierno. Ante mis arengas me subieron esposado y me llevaron con urgencia a la Comisaría más cercana. Pasé allí un par de días. Miguel fue a sacarme.

De Guillermo nadie sabía, se había desaparecido. Seis meses después supe de él. Me contó algunas cosas que había hablado con Vieuxtemps, de cómo el viejo le había dado lecciones durante tanto tiempo, de cómo se habían hecho amigos y otras tantas cosas que no creí ciertas hasta que fui testigo de su nueva forma de escribir, de ese lenguaje seductor al que nos acostumbró. Bianca no entendía como su tío había accedido en tan poco tiempo y con tanta facilidad a pulir a uno del montón, a uno que para nosotros era el menos dotado para llegar a ser alguien. Sin embargo lo hizo.

No sé que extraña poción le hizo beber, pero Guillermo nunca volvió a ser el mismo. Empezó a tener pensamientos cada vez más elaborados, ideas cada vez más brillantes. No sabíamos como aproximarnos a él, como lograr una pizca de su claridad mental, de su natural y pura inspiración. Nosotros que nos creíamos mejores que él en el oficio de escribir ya no le llegábamos ni a los talones. Las ideas fluían, era un torbellino indómito, salvaje cuando estaba trabajando.

Semanas sin dormir en las que escribía encerrado en su casa, ni siquiera comía. Si no hubiese sido porque alguno de nosotros lo visitaba habría estado más que días sin probar bocado.

Comenzó a viajar mucho, a escribir mucho y esas cosas fueron originando que nos viéramos cada vez menos. No por eso se perdió la amistad, pero para ser sincero ya no me siento digno de hablar con él de autores, de obras, de libros, de la vida, de la existencia. Parece tener todas las respuestas en su cabeza. Es sin duda el mejor escritor que ha aportado nuestro país al mundo.

Sólo en ocasiones especiales como esta puedo conversar con él como en los viejos tiempos, cuando escribía como un ser humano común y corriente…Cuando no sabía todo lo que le enseñó el viejo al que ahora vamos a ir a enterrar.

lunes, 2 de marzo de 2009

El hombre más poderoso del mundo

Ostentar este cargo ha sido siempre una odisea, en los últimos tiempos ha llegado a límites otrora inimaginables. Afortunadamente cuento con un experimentado equipo de colaboradores en quienes reconfortarme.

Las especulaciones económicas que hemos propuesto al mundo, el régimen del terror, la imposición de la basura mínimamente digerible (en todo ámbito) están perdiendo sus efectos en el ciudadano promedio. Ya no basta con hacer promesas, con adornar discursos con metáforas e hipérboles; los votantes exigen que la palabra empeñada sea cumplida.
El juego se está complicando, pasamos de un tablero de damas chinas a uno de ajedrez en los sesenta. En la actualidad las casillas se han multiplicado otorgando a esto una similitud enorme a un zigzagueante y desafiante juego de Go oriental.
Los chinos precisamente inventaron aquél para perfeccionar las técnicas de guerra, la estrategia y la visión global. Hoy las tecnologías no nos permiten manejar con facilidad el complejo contexto político mundial. Ya no tenemos un único y fuerte antagonista, sino que varios y de diversas envergaduras. Es triste y amenazante el pensar en su potencial unión.
Lo peor de todo es que nuestros propios patriotas, nuestro ejército se ha puesto en contra de nosotros como resultado de gestiones mal elaboradas. Su tolerancia se ha visto ostensiblemente mermada y con ello todas nuestras capacidades de convencimiento y valores a toda prueba han desaparecido.

Hemos hecho lo que hemos tenido al alcance, pero el impacto de nuestras mociones ha sido cada vez menor, incluso inverso a lo esperado.
Hay incidentes claramente vergonzosos de los que mis predecesores han sido víctimas, bochornosos encuentros sexuales clandestinos, zapatos voladores, argucias, falsos testimonios, copas de más. Que pena no poder hacer nada más.
Algunos de los que ocuparon mi lugar con antelación han terminado muertos en extrañas circunstancias, por oponerse a ocupar territorios ajenos, a continuar guerras, a en fin; hacer soberanía y liberar a del yugo terrorista al mundo.
El mundo nos debe mucho aún, gracias a nosotros volvió el equilibrio luego de las 3 guerras mundiales. Neutralizamos totalmente las armas nucleares del medio oriente, Uds. lo recordarán si hacen un poco de memoria.
Algunos dijeron que tales armas jamás existieron.
Estos fanáticos políticos obviamente ignoraron por completo los atentados que sufrimos tanto en nuestro principal centro de investigación como en el económico. Muchos alegan que en el palacio de las cinco puntas jamás se vio pieza alguna de un avión después del impacto recibido. Es obvio de que el sitio fue limpiado después de la detonación, el área fue evacuada inmediatamente y con agilidad ejemplar.

Cuando las torres fueron impactadas no quisimos armar alboroto alguno, pensamos que lo correcto era no sobredimensionar los hechos. Nos tomaron por sorpresa y por ello ninguno de nuestro aviones de combate pudo prevenir el choque del segundo avión, si bien la inversión en armamento es grande no solemos ser paranoicos con nuestra protección.
Algunos dementes llegaron incluso a afirmar que nuestra nación se atacó a sí misma mediante estos crueles atentados. ¡Imposible!, que el lugar haya sido vendido anticipadamente es una mera coincidencia. Los testimonios de bomberos rescatistas tampoco deben ser tomados muy en serio, es inconcebible siquiera pensar en que nuestro gobierno sembrara explosivos en sus propias dependencias.
Jamás hemos inventado pretextos para invadir país alguno, nunca hemos pasado a llevar la libertad de ningún jefe de gobierno ni su integridad se ha visto perjudicada por nuestra labor.¿Manipulación económica?, ¿intervención de medios informativos?, ¿bloqueos? Absolutamente ridículo.

Nuestro deber es velar por que se mantengan la paz y armonía en el mundo.
Seguiremos enseñando a toda patria que lo requiera como administrar sus recursos, como finiquitar sus problemas, como salir adelante, como crecer económicamente a ritmos acelerados. De haber cometido en ocasiones un error no ha sido otro que mostrarnos excesivamente solidarios con nuestros aliados, pues, que quede bien grabado en la memoria de todos y cada uno de los habitantes de nuestro planeta, el que no está con nosotros está con el terrorismo. No permitiremos esta clase de expresión en ningún grado y la sancionaremos con la mano más dura que nos sea posible.

Seguiremos en el juego mientras sea necesario, si existen recursos para usar estaremos de pie estoicamente, mientras uno de nuestros ciudadanos permanezca vivo continuaremos la tarea de mantener al mundo en paz, pues en dios confiamos.

Juro por mi vida que así será, no en vano he sido nombrado como Presidente de este país. No en vano soy el hombre más poderoso del mundo.

viernes, 19 de diciembre de 2008

Agenda


Como fue sobrino, ¿cómo fue?…Le dije que son sentáramos en algún lugar, que me dolían un poco las piernas. Si bien era cierto eso, más cierto era que quería que estuviéramos solitos.
Caminamos hasta un bosque cercano y nos sentamos en una banca que estaba a punto de caerse.
Recuerdo que hubo un silencio muy amplio. Ni siquiera el canto de un pájaro, ni el ruido de algún motor en la lejanía. Nada.
Traté de tomar su mano lentamente, acercándome de a poco como los felinos inexpertos en el arte de la caza. Me reconocía a mí mismo como un inexperto en el arte del amor.
Pero mis movimientos fueron demasiado lentos y previsibles. Para cuando estuve lo más cerca que había estado de su mano ella estaba mirando la hora.
- Pensé que era más tarde- dijo, y puso sus manos sobre sus piernas, con cierto aire defensivo.
Decidí jugármela y tratar de tomar su mano por segunda vez. Al mínimo contacto dijo:
- Tengo unos porotitos ¿los ves?
- Si, ¿es alergia? Fingí estar interesado, pero en el fondo de mí estaba triste por la oportunidad perdida. Utilicé su propio recurso para cumplir mi objetivo.
Tomé su mano entre las mías y empecé a esbozar un clásico sana sana, potito de rana. Su sonrisa (la cual hasta ese momento desconocía) era una mezcla de coquetería, inocencia y felicidad.
Sus manos eran muy lindas, estilizadas, suaves y lo más importante se dejaban tocar por fin.
Recuerdo casi todo lo de ese momento, los aromas, los colores, su vestimenta, su textura, todo. Si, sobrino así fue.
La conversación de allí en adelante se hizo más llevadera, habíamos adquirido confianza y cada uno empezaba a decir lo que realmente pensaba. Comenzamos a hablar cosas que eran importante para ambos, ya no solo las tontas anécdotas sosas que uno dice cuando está conociendo a alguien. Su modo de hablar me producía algo poco común, un nivel de vigilia superior al que estaba acostumbrado. Me sentía muy despierto.
- Claro, en esos documentos que me pasaste leí sobre eso. Es muy científico…- Ella seguía convenciéndome de la importancia del modo de nacer, si en el agua, si por parto natural, si por cesárea. Y obviamente yo la seguía escuchando muy alerta y atento a detalles como el brillo de su pelo castaño y largo, con una chasquilla. Su falda de mezclilla, su polerón rojo, sus uñas pintadas con flores, sus zapatillas café.
Si me hubiesen hecho una prueba sobre lo que vi ese día habría recordado cada palabra, cada imagen, todo.
- Entonces eso a la larga va a influir en como el bebé se relacione con el mundo, y cuando sea más grande va a potenciarse el mismo fenómeno ¿entiendes?
Asentí con al cabeza y continué mirando sus ojos hermosos y sus tonos entremezclados.
Tomé aire y comencé a argumentar mi posición con respecto al apego, de manera muy vehemente para un muchacho que si bien estudiaba Psicología con suerte había oído el término un par de veces.
Por su reacción creo que la impresioné un poco, o al menos eso me dio mayor terreno.
Me acerqué y sin dejar de mirarla a los ojos la besé, nos besamos por primera vez un día sábado. La excusa había sido un taller de pintura, yo de pintura no aprendí nada. Ella si, como supe más tarde.
Estuvimos sentados contemplando lo que nos rodeaba y a nosotros mismos largo tiempo. Acariciándonos y siendo cómplices en besos que poco a poco empezaban a salir más naturales, más resueltos.

La quise (y quiero aún) mucho. En esos días todo era felicidad y esperanza. La recordaba a menudo, aunque debo reconocer no nos veíamos tanto como nos habría gustado. Tampoco era bueno para escribir o llamar, principalmente por que me costaba organizar mis actividades de forma ordenada.
Pero cuando estábamos juntos la pasábamos muy bien, todo era sumamente intenso, y así fue por unos cuatro o cinco meses.
Cuando ya las vacaciones se acercaron me dijo en una de nuestras citas.
- Este es mi número, guarda este papel y llámame cuando estés en Santiago.
Envolví con mi mano la suya, la besé y tomé el papel para guardarlo en mi bolsillo sin haberlo mirado mucho.
- Te prometo que te llamaré cada vez que pueda – respondí-
Marcaba su número cada vez que era posible, pero la respuesta nunca llegaba. Siempre ocupado…empezaba a desesperarme. Me estaba sintiendo triste por haber tenido que partir, por no poder verla para su cumpleaños que justamente era en uno día de vacaciones de verano. Pero seguía marcando cuando podía, como siempre sin obtener respuesta. Fue en ese instante cuando opté por escribir una carta escueta.

“Querida V:

Te he extrañado mucho, te he llamado muchas veces y no me he podido comunicar contigo. Me encantaría tener noticias tuyas y ojalá estés bien, trata de escribirme o llamarme.
Se despide con mucho cariño G.”

Si la carta fallaba estaría realmente complicado, ¿y si la carta no llegaba?, ¿si no tenía ganas de responderme?, ¿si le gustaba otro?, ¿si tal vez se cambió de casa?
Me hice estas y otras miles de preguntas hasta que un día llegó la carta de respuesta. La abrí con cierta ansiedad, pero con el corazón henchido.

“Querido G:

Es una pena que esto no esté resultando, no he recibido llamada tuya desde hace mucho. Siento que estoy entregando más de lo que recibo y esto no puede continuar así.
Se despide V.”

No entendía nada, busqué el papel en mi mochila. Metí la mano en cada bolsillo y el dichoso no aparecía. Busqué en todas mis chaquetas y por fin di con el papel, con el papel correcto, con el número al que debería haber llamado en verdad. Un papel celeste donde estaba el número de ella acompañado de un “V. te quiere” y un par de dibujos de animalitos. Entonces el otro papel, ¿de qué era? Jamás lo supe, pues jamás hubo respuesta. Tampoco supe cuantos años estuvo ese papel en esa chaqueta y no logré explicarme como fui tan torpe para no darme cuenta de mi equivocación. Las equivocaciones se pagan sobrino mío…
Tampoco valía la pena pedir disculpas y contar la historia. Volver a otra ciudad en vacaciones y tratar de explicarle en persona habría sido una obra muy arriesgada para alguien que estaba tan herido en su autoestima como yo. Opté por la solución más fácil, encerrarme y tragarme mi pena, mi rabia contra mi mismo.
A menudo la recuerdo y tengo total seguridad de que si eso no hubiese ocurrido habría sido ella el amor de mi vida, mi musa, mi compañera…

Por eso sobrino, cumplo con mi deber de regalarte una agenda.